Taiwán: ¿seguirá siendo clave en la cadena de suministro global de semiconductores?

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La historia de cómo Taiwán se convirtió en el líder mundial en semiconductores es extraordinaria, pero el siguiente capítulo está por escribirse. ¿Podrá aguantar la creciente presión geopolítica?

Taiwán, un país aproximadamente siete veces más pequeño que el Reino Unido y con una población de 23,5 millones de habitantes, produce el 60% de los semiconductores más complejos del mundo. 

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El semiconductor es el material con el que se fabrican los microchips. Los microchips son la materia prima de prácticamente todas las herramientas de la vida moderna, por lo que la economía digital se vendría abajo sin ellos. Y Taiwán, junto con Corea, concentra cerca de la mitad de la capacidad mundial de fabricación de chips. 

¿Cómo se ha transformado este pequeño país de Asia Oriental, que hasta solo hace unas décadas era una plantación de té y azúcar, en un eslabón crucial de la cadena de suministro mundial? Según Xavier Ferràs, del Departamento de Operaciones, Innovación y Data Sciences de Esade, la respuesta se puede encontrar en la aplicación de una política industrial inteligente y en la visión de un hombre: Wu Maw-Kuen. 

UNA INVERSIÓN INTELIGENTE

“Wu Maw-Kuen es el padre del milagro tecnológico de Taiwan”, explica Ferràs. “Aconsejó concentrar los esfuerzos del pequeño país en el desarrollo de tecnología industrial de proceso, aprovechando la investigación básica que se realizaba en otros países, como EE. UU.” 

“En 1973 se fundó el Industrial Technology Research Institute (ITRI), y se inició la promoción intensiva de sectores de alta tecnología. En ese momento, la incipiente industria taiwanesa estaba formada por pequeñas y medianas empresas, sin músculo para abordar proyectos de I+D. El ITRI desplegó líneas de investigación aplicada, junto con las empresas. Hoy, los 40 km que van de Taipei a Hsinchu configuran un gigaclúster de I+D y fabricación avanzada de chips de silicio.” 

El ITRI, que celebra ahora su 50 aniversario, sostiene que ha sido pionero en la fabricación de circuitos integrados y que ha distribuido los resultados de su I+D a industrias internacionales. La organización ha creado o incubado empresas como UMC, Taiwan Mask Corp, Epistar Corp, Mirle Automation Corp, Taiwan Biomaterial Co y, por supuesto, Taiwan Semiconductor Manufacturing Company Limited (TSMC). 

EL CONTROL DEL MERCADO

TSMC es la primera empresa de semiconductores del mundo, ya que concentra más de la mitad de los ingresos mundiales del sector. 

“Su situación actual es de un dominio asombroso del mercado”, explica Enrique Rueda-Sabater, antiguo investigador sénior de EsadeGeo. “Se queda con el 56% de los ingresos de todos los fabricantes de semiconductores por contrata.”  

“La centralidad de TSMC en las cadenas de suministro de numerosos productores de dispositivos electrónicos también es destacable. Entre sus clientes (algunos de los cuales dependen casi exclusivamente de ella) destaca especialmente Apple, que supone una cuarta parte de los ingresos de TSMC. El fabricante taiwanés es también uno de los principales proveedores –directa e indirectamente– de la mayoría de los grandes fabricantes de automóviles. 

Y añade que, aunque no se dispone de información precisa, también se supone que los chips de TSMC están en las cadenas de suministro de la industria de defensa y de seguridad nacional de muchos países, con lo cual, a la gran relevancia económica de su posición comercial, se añade otra dimensión de gran sensibilidad”.

LA BATALLA POR DOMINAR EL MERCADO

Taiwán sigue ampliando su control absoluto del mercado, pero China y Estados Unidos están acelerando para alcanzarlo. China ha duplicado con creces su cuota de producción mundial de chips en la última década y, el año pasado, EE. UU. anunció que invertiría 280 000 millones de dólares en su industria nacional de producción de chips. 

“Al régimen de Beijing no le interesa entrar en conflicto con EE. UU”, afirma José María de Areilza, profesor del departamento de Dirección General y Estrategia de Esade. Pero Xi Jinping es un líder más asertivo y nacionalista que sus antecesores y puede utilizar la confrontación con un enemigo externo para sumar una legitimación adicional.  

Ha aumentado la presión sobre la isla de Taiwán, una democracia con una economía pujante que desafía el modelo comunista chino y un país estratégico por su influencia decisiva en la industria de semiconductores.” 

¿Quién será el vencedor en este contexto de tormenta política mundial y batalla estratégica por el dominio del silicio? Según Xavier Ferràs, si podemos aprender algo de la historia, la carrera sigue abierta. 

EXTRAIGAMOS ALGUNAS LECCIONES DEL PASADO

“Empecé mi carrera profesional en 1993, en el grupo de investigación de semiconductores del extraordinario departamento de Ingeniería Electrónica de la UPC”, relata.  

Por aquel entonces se inauguraba en Bellaterra el Centro Nacional de Microelectrónica, con una de las mejores salas blancas de experimentación de chips electrónicos del momento. Existía un clúster de referencia en electrónica de consumo en Barcelona, se hablaba del Silicon Vallès. Disponíamos de todos los ingredientes: talento, ciencia e industria. Estábamos en la pole position. Hoy, queda poco de aquel clúster.  

Nos desindustrializamos y nos empobrecimos. Pensamos que habíamos llegado a la cima, para siempre. Pero no fuimos capaces de abordar la siguiente curva de progreso: la economía de la alta tecnología. El clúster era un espejismo, solo un conjunto de agentes desconectados”.

NADIE SE LIBRA

Para Rueda-Sabater, la conexión es fundamental para poder contar con una cadena de suministro que funcione correctamente y sin interrupciones. Más que centrarnos en dominar el mercado, deberíamos priorizar la estabilidad.  

“Hay muchos posibles ‘puntos críticos’ que pueden provocar una disrupción en el suministro de productos y servicios que consideramos cada vez más esenciales para nuestra actividad diaria”, explica. 

“Estos puntos críticos incluyen tensiones geopolíticas, catástrofes naturales o acciones terroristas de disrupción del transporte, entre otras. La omnipresencia de estas vulnerabilidades implica que prácticamente ninguna empresa, ni ningún país, puede librarse de ellas”.

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