¿Qué es la obsolescencia tecnológica? ¿Está siempre relacionada con innovaciones radicales?

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El investigador posdoctoral del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade y del GREF, Damián Tojeiro-Rivero, nos cuenta qué es la obsolescencia tecnológica, que entiende «como la devaluación de un artículo debida al progreso tecnológico».

La obsolescencia tecnológica es algo que todos tenemos en mente estos días cuando observamos lo rápido que cambia la tecnología, especialmente en la industria de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Sin embargo, como ha señalado recientemente Ma (2021), la mayoría de la literatura sobre economía de la innovación se ha centrado –desde una perspectiva schumpeteriana– en la creación de conocimiento y en su impacto en la productividad y el desempeño de las empresas, pero poco se sabe acerca de los efectos empíricos de la obsolescencia tecnológica, a saber, sobre la otra parte de la relación referida a la destrucción de la innovación previa.

Así como la innovación crea vencedores, también crea perdedores. El hecho de que nuevos actores que entran en el mercado tengan éxito en su proceso de innovación puede suponer el desplazamiento de otros actores. En líneas generales, la obsolescencia tecnológica puede entenderse como la devaluación de un artículo debida al progreso tecnológico, lo cual sucede usualmente cuando una nueva tecnología o un nuevo producto sustituyen a otro más antiguo, que no tiene por qué ser necesariamente disfuncional (Mellal, 2020). En la literatura, pueden encontrarse numerosos ejemplos de ello: el telégrafo, la máquina de vapor o el fax, entre otros.

RETOS

Uno de los retos de la literatura es medir adecuadamente la obsolescencia tecnológica. Como propuso Krugman (1991), el flujo de conocimientos no deja ningún rastro a seguir, lo cual puede plantear un serio problema a la hora de medir la obsolescencia tecnológica, más allá de los casos de estudio. Sin embargo, las citaciones que reciben las patentes son la excepción a este problema, como han señalado Jaffe et al. (1993). Por ello, la literatura ha utilizado las citaciones de patentes para vincular la relevancia de la difusión del conocimiento con las tecnologías pasadas. En este sentido, el número de citas que recibe una patente durante un período determinado puede reflejar su utilidad e impacto a la hora generar nuevas innovaciones.

Como han indicado Jaffe y de Rassenfosse (2017), existen dos corrientes opuestas a la hora de abordar las citas de patentes. Primero, puesto que la difusión del conocimiento necesita tiempo, el número de eventuales citas aumenta con el tiempo. Segundo, el conocimiento está sujeto a la depreciación, de modo que su relevancia y utilidad pueden perderse con el paso del tiempo y llegar a la obsolescencia.

Esto último requiere ciertas consideraciones a la hora de medir la obsolescencia tecnológica a través de las patentes. Idealmente, esta medición debe recoger no solo el stock tecnológico existente en la empresa en un momento determinado, sino también los esfuerzos en materia de investigación y desarrollo (I+D) de la competencia, la aparición de nuevas industrias y la canibalización de la propia empresa con productos más novedosos (Ma, 2021). Lamentablemente, la naturaleza multifacética de la obsolescencia tecnológica se ha medido en la literatura de forma indirecta, a través de las citaciones de las patentes.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE Y CUÁLES SON SUS EFECTOS ECONÓMICOS?

En términos económicos, los modelos de crecimiento endógeno apuntan un impacto negativo de la obsolescencia sobre la productividad de las empresas, así como reasignaciones de capital, lo cual supone un deterioro del desempeño de la empresa, que incide en su crecimiento y, en última instancia, en su supervivencia. De hecho, siguiendo a Mellal (2020), la obsolescencia puede implicar un mayor riesgo de accidentes, especialmente en las centrales nucleares. Pero también puede implicar unos niveles más bajos de calidad en las plantas de fabricación, que pueden incrementar los costes de mantenimiento, así como una menor eficiencia, componentes obsoletos y un mayor número de residuos, y ello puede acabar afectando al bienestar del cliente.

¿SIEMPRE ESTÁ RELACIONADA CON LA APARICIÓN DE INNOVACIONES RADICALES?

La obsolescencia o el desplazamiento tecnológico no se debe necesariamente a la aparición de innovaciones radicales –en el sentido de que puede ser una condición necesaria, pero no suficiente–, como recuerda Ma (2021). En este caso, la literatura ha señalado varios ejemplos, como es el caso del teclado QWERTY, que aun siendo inferior a otras alternativas más novedosas, gracias a su estandarización ha generado externalidades de red –que han aportado beneficios a sus usuarios, que aumentan a medida que crece el número de usuarios en el sistema (Edquist, 1998)–, o del avión Concorde, que, pese a ser tecnológicamente superior a los modelos precedentes, no tuvo éxito por sus elevados costes de mantenimiento y su escasa demanda.[1] Según Song Ma, la obsolescencia tecnológica difiere de la llegada de nuevas innovaciones, lo cual supone que existen dos conceptos distintos.

Para analizar la asociación entre obsolescencia tecnológica y desempeño de la empresa, Ma (2021) sostiene que es posible hallar una explicación basada en las convicciones y/o en los riesgos. La idea subyacente es que los mercados financieros son muy sensibles a la llegada de nuevas innovaciones, pero no tanto a la obsolescencia tecnológica. Por este motivo, los inversores no pueden predecir del todo el pobre desempeño futuro del portfolio debido a una alta obsolescencia y, por tanto, no se incluye plenamente dentro de sus expectativas, según sus conclusiones.

¿CUÁLES SON LOS SECTORES QUE SE ENFRENTAN MÁS A LA OBSOLESCENCIA TECNOLÓGICA?

Según Ma (2021), las grandes empresas son las que se enfrentan más a la obsolescencia tecnológica, que puede ser debida a la rigidez que caracteriza a estas empresas. Sin embargo, otros expertos se fijan más en el descenso de las citaciones en las patentes, que se producen más rápidamente en las tecnologías electrónicas que en las químicas y mecánicas (Jaffe y Trajtenberg, 1999). En el caso español, en que las grandes empresas representan solo una pequeña parte de todo el tejido empresarial, puede resultar mejor estudiar la obsolescencia tecnológica por sectores, para lo cual utilizamos la tasa de crecimiento de las cotaciones de que son objeto las patentes –en un espacio temporal de tres años, aplicando la Clasificación Internacional de Patentes (CIP) tecnológicas a nivel sectorial (códigos NACE de 2 dígitos, rev. 2), utilizando para ello la tabla de concordancia desarrollada por Van Looy et al. (2015).

La figura 1 ilustra los dos sectores con la mayor/menor tasa de crecimiento de citaciones futuras en el caso español durante el período 1995-2019.[2] Como puede verse, parece que los sectores que registran una mayor tasa de crecimiento –panel de la izquierda–, pese a las variaciones, experimentan un crecimiento positivo en la segunda parte de período en las citas recibidas, concretamente a partir de la crisis financiera iniciada en 2008. Así pues, parece que se aprovechan de la mala situación económica y redirigen sus esfuerzos hacia la innovación, posiblemente adoptando un enfoque anticíclico que incrementa la utilidad de sus invenciones. En cambio, en los sectores que registran la tasa de crecimiento más baja durante todo el período –panel de la derecha–, puede verse una mayor variabilidad en la tasa de crecimiento, especialmente en la industria de las artes gráficas. Sin embargo, es curioso que desde 2008 hasta 2016 existe una tendencia claramente negativa en las citas recibidas por ambos sectores, especialmente a partir de 2012 –que es el último año de la crisis financiera iniciada en 2008. Por tanto, parece que estos dos sectores se están alejando de la frontera tecnológica. Pese a ello, es preciso subrayar que este mero análisis descriptivo debe interpretarse con cautela, puesto que no existe una equivalencia perfecta entre las clasificaciones tecnológica e industrial, lo cual puede plantear algunos problemas a propósito de su validez externa.

CONSIDERACIONES FUTURAS

Pese a no formar parte especialmente de la agenda de investigación a la hora de abordar estudios empíricos, el trabajo de Ma (2021) abre la puerta al estudio de la obsolescencia tecnológica, más allá de los casos de estudio. Al respecto, logra elaborar una medida que capta varias fuentes de disrupciones tecnológicas: las innovaciones internas de la empresa que desplazan su tecnología previa, las tecnologías de los competidores del sector y las innovaciones disruptivas procedentes de otros sectores. Con todo, el reto más importante es medir la obsolescencia tecnológica, más allá de las citas de patentes. En este sentido, se sabe que no todos los sectores presentan un índice elevado de patentes, aun siendo muy innovadores. Además, el registro de patentes es una estrategia cara, que no pueden permitirse todas las empresas innovadoras, especialmente las más jóvenes o las más pequeñas. Incluso puede darse el caso de empresas en países en vías de desarrollo que se enfrentan al enorme problema del acceso a la red de patentes, precisamente porque no disponen de recursos para poder acceder a las oficinas internacionales de patentes. Todo ello es muy relevante para el estudio de la obsolescencia tecnológica, no solo para captar las invenciones, sino también para estudiar el éxito de su comercialización.

[1] Vid. https://www.nytimes.com/2003/10/24/nyregion/for-concorde-economics-trumped-technology.html

[2] El gráfico solo muestra datos estadísticos hasta el año 2016 que dan cuenta de las citas recibidas en los años siguientes.

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