Jan Brinckmann, profesor en Esade Business School: «Mi definición de emprendimiento equivale a una declaración personal de independencia. Básicamente, un estado mental»

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No te pierdas esta entrevista donde Jan Brinckmann, profesor de Emprendimiento en Esade Business School, especializado en las empresas de rápido crecimiento y director académico del programa MSc in Innovation and Entrepreneurship, reflexiona sobre cómo mejorar la formación emprendedora.

-¿Consideras que muchas personas jóvenes piensan en emprender un negocio como trayectoria profesional al finalizar sus estudios universitarios?

En general, el emprendimiento es un fenómeno que ha crecido masivamente y se ha convertido en una alternativa más atractiva. Históricamente, la gente tenía trabajos más delimitados y clásicos, que les duraban más o menos toda la vida. Pero ahora el mundo es muy dinámico: hay mucho trabajo autónomo, a tiempo parcial y muchas transiciones profesionales. Todo ello ayuda a este tipo de estructura de vida más emprendedora, donde hay más experiencias laborales en paralelo, más independientes, más autodirigidas, y más rápidas.

Si observamos, por ejemplo, la dinámica de Esade en los últimos años, podemos ver claramente que el interés en el emprendimiento ha aumentado mucho. Aunque aquí siempre ha habido un gran interés por el tema, ahora es altísimo. Y ello tiene que ver, también, con la forma en que somos percibidos en el mercado, con nuestro branding. Hay gente que viene específicamente a Esade porque siente un interés especial en la innovación, en el emprendimiento.

-¿Y piensas que las universidades se están adaptando a este cambio, a esta forma de entender la carrera profesional? ¿O consideras que todavía se centran mucho en los empleos estables, de larga duración, más similares a los trabajos clásicos?

En general, el espacio educativo está evolucionando de una manera definitiva. Existen nuevas formas de educación. Existen los formatos de aprendizaje online y digitales. De modo que, en conjunto, el ecosistema está evolucionando bastante rápidamente.

Pero, en general, creo que hay muchos conceptos erróneos sobre qué es realmente la educación. Muchas personas intentan reducirla a aprender cosas para obtener un empleo, pero eso es básicamente como preparar pollos muy productivos para que pongan muchos huevos. Y este no es, en modo alguno, el principal objetivo de la educación, sino que consiste realmente en el desarrollo humano, en crear experiencias de aprendizaje que contribuyan al desarrollo de la persona, de múltiples maneras. Evidentemente, la dimensión profesional es esencial, pero va mucho más allá.

Los MOOC, por ejemplo, y otros formatos de aprendizaje más digitales, con frecuencia abordan la educación del modo siguiente: «Aquí hay una persona que quiere adquirir conocimientos sobre cómo hacer ciertas cosas para sacar provecho de ellos, y nosotros buscamos la forma más efectiva y rápida de lograr que esta persona adquiera exactamente estos conocimientos». En algunos casos prácticos, si trabajas en una función especial y te planteas exactamente esa misma cuestión, este aprendizaje te puede resultar relevante. Pero, si realmente piensas en «¿Cómo puedo desarrollarme como persona a lo largo de la vida?», ya no se trata de conseguir rápidamente comida para que los pollos engorden o de lograr responder a la pregunta de cómo hacer…

-Consiste más bien en aprender a pensar, ¿no?

Eso es, aprender a pensar, a hacerse preguntas, a cuestionarse las cosas, a reflexionar… Consiste en comprenderte a ti mismo, en averiguar qué es lo que te gusta personalmente, qué no te gusta, cómo te gustaría ser desde el punto de vista identitario: todo eso son cosas muy importantes. Los procesos sociales son muy importantes, porque son el lugar desde donde te observas a ti mismo en las interacciones sociales con los demás, y ves cómo se comportan los demás. Eso es sumamente importante, y todo ello es, para mí, mucho más relevante y una experiencia de aprendizaje mucho más potente.

La gente piensa que la formación en emprendimiento consiste básicamente en enseñar a poner huevos o a crear empresas formales con la esperanza de que tengan mejores oportunidades que la media y consigan triunfar, o lo que sea. Pero, en mi opinión, esta concepción es errónea. La formación emprendedora es mucho más que esto. Diría que mi definición personal de emprendimiento equivale a una declaración personal de independencia. Básicamente, es un estado mental que tenemos como personas, y también las capacidades, los conocimientos y los datos de que disponemos para vivir una vida individual independiente. Y esta formulación es, a mi entender, mucho más amplia y mucho más centrada en lo humano.

La gran mayoría de los estudiantes de las escuelas de negocios, casi independientemente del programa que cursen, no quieren crear su propia empresa, al menos inmediatamente. Si utilizamos una regla de 80-20, diría que el 80% quieren trabajar en una empresa interesante; no quieren crear su propia empresa. Y, si hacemos zoom en el 20% que acaso quiere crear su propia empresa, observamos otra proporción de 80-20, en el sentido de que la mayoría de quienes desean crearla no necesariamente quieren hacerlo de forma inmediata. Contemplan este escenario como un plan a medio o a largo plazo. De modo que lo más probable es que este 80% del 20% no quiera crear su propia empresa, sino que prefiere antes trabajar en una empresa atractiva, inspirarse, aprender, conocer a otros cofundadores, conocer a los posibles clientes, entender realmente -digámoslo así- algún aspecto crítico y, después, crear su propia empresa. Y pienso que, conociendo estos mecanismos y los mercados, la formación en emprendimiento se equivocaría si se dedicara simplemente a la creación de empresas de forma inmediata.

BUQUÉ DE FLORES

-Si tuvieras que definir muy brevemente qué es para ti la formación en emprendimiento, cuáles son sus elementos nucleares, qué competencias ha de tener un emprendedor, ¿qué dirías?

Para mí la formación en emprendimiento es un fenómeno multidimensional, que va más allá de adquirir conocimientos sobre cómo hacer ciertas cosas. Es un desarrollo personal, porque implica desarrollar una manera de pensar. Acaso consista en ver el mundo más como una serie de oportunidades, porque muchas personas pueden pensar que no hay demasiadas. Se trata de desarrollar realmente esta mentalidad positiva y proactiva, así como una mayor urgencia para actuar realmente, sobre todo en los entornos universitarios, que suelen tener una visión más académica y todo lo conciben para un largo período de tiempo, en una especie de «análisis parálisis». En el fondo, esta mentalidad no siempre consiste en lograr la perfección, sino en empezar a hacer cosas y lograr que se hagan.

Es todo eso, y también darse cuenta de que puede valer la pena tener independencia y llevar una vida autodirigida y no limitarse a seguir lo que dice la gente. Pero, además, existe también esta otra dimensión, que puede ilustrarse del modo siguiente: «Cómo debo entender el negocio, quizá no en el sentido clásico de una escuela de negocios, sino con una concepción distinta, desde un punto de vista emprendedor». Y también plantearse algunas cuestiones. Se trata básicamente de adoptar un enfoque gradual y preguntarse cómo adquirir conocimiento sobre todo tipo de cosas o bien cómo encontrar a los cofundadores, cómo conseguir los primeros clientes, cómo financiar mis proyectos empresariales y cómo obtener todos estos conocimientos sobre cómo hacer ciertas cosas. Así que, como ves, es un conjunto de elementos, como un buqué de flores…

-Además, las universidades tienen no solo el rol de formar, sino también el de acompañar a aquellas personas que deseen crear un negocio o que quieran hacerlo en el futuro, como es el caso de eWorks. ¿Cómo pueden las universidades ofrecer sus servicios para estas personas?

Podemos pensar en ello como una acción humana o como una acción emprendedora, con tres ingredientes esenciales: el primero es el deseo de querer hacerlo, eso es, querer realmente crear algo. Y, de hecho, muchas personas piensan que este ingrediente no puede enseñarse, aunque sí vemos, por ejemplo, que podemos influir bastante en este sentido si contamos con muchos ejemplos de otros fundadores, eso es, con casos de personas iguales a nosotros que quieran crear algo.

El segundo elemento es que puedas hacerlo realmente. Y esta percepción es sumamente importante y puede influir, a mi entender, en dos áreas: no complicar en exceso el proceso de fundación, sino reducirlo a lo esencial, y dar a entender a la gente que no es necesario saberlo todo. Y, básicamente, para decirlo de un modo muy simple, mostrar cómo puede hacerse todo esto, mostrando herramientas muy potentes sobre cómo hacer las cosas.

Y, finalmente, el tercer elemento es el factor desencadenante situacional. Una cosa es, en general, querer hacer algo y pensar: «Oye, ¡podría hacerlo!», pero a veces hay «emprendedores couch» que dicen: «Sí, quiero ser emprendedor y, después de esta clase y de esta sesión, ya sé básicamente cómo hacerlo», pero nunca se ponen manos a la obra. Por ello, pienso que puede ser bueno crear estos desencadenantes situacionales, y los encuentros con otros fundadores pueden ser un buen ejemplo, así como todo tipo de herramientas de inmersión y de trabajo por proyectos.

Estos son los tres elementos en que influimos y gran parte de la labor consiste básicamente en reunir a la gente, darle inspiración y hacer lo clásico: convocar a muchos fundadores, hacer reuniones con ellos, encuentros cara a cara o con otros formatos, contar con mentores… Lo que pretendemos, fundamentalmente, es que nadie tenga la excusa de decir «no puedo emprender porque no sé cómo hacerlo».

MUJERES EMPRENDEDORAS

-Y ¿qué cosas piensas que pueden contribuir a mejorar la formación en emprendimiento?

Hay algunas pocas que son inmediatas, como que todo se oriente a las áreas específicas del emprendimiento. Por ejemplo, un elemento esencial es el emprendimiento tecnológico, ya que gran parte de las iniciativas emprendedoras de rápido crecimiento que están impulsando realmente el pleno empleo en las economías suelen ser consecuencia del avance tecnológico, y todavía existe una gran desconexión entre lo que sucede en las escuelas de negocios o en las universidades, en general, y lo que ocurre en las escuelas de ingeniería o en los institutos de investigación.

Además, lamentablemente, el emprendimiento suele ser percibido también como un dominio típicamente masculino, así que podemos hacer mucho más para dar a conocer y subrayar el papel de las mujeres emprendedoras, no solo de las emprendedoras «estrella», sino de todas las emprendedoras.

-Antes aludías a que muchas personas comienzan un negocio desde la ingeniería. ¿Piensas que estas personas tienen más probabilidades de emprender?

La buena noticia es que el emprendimiento, como la vida misma, es un fenómeno muy diverso. Así pues, no es solo los perfiles tecnológicos o más personas puedan crear empresas atractivas. Yo no creo demasiado en los «emprendedores heroicos». Usualmente, nos encontramos con que queremos crear un equipo realmente potente intentando reunir a personas que sean realmente buenas en cada una de estas posiciones. Así pues, suele haber una que efectivamente desempeña un papel más de ingeniería –aunque son más si se trata de una empresa de software, que desarrolle programas.

Además, cada una de estas iniciativas empresariales va a necesitar también a una persona que tenga una orientación más de negocio, una actitud empresarial, y que le guste interaccionar con los clientes. Y a una persona más de producción, que sea más holística y pueda comprender ambos mundos. Así pues, pienso que los proyectos realmente atractivos implican a estos perfiles distintos.

-También te has referido al hecho de que muchos estudiantes primero prefieren trabajar en una empresa atractiva y después impulsar su propia empresa. ¿Les recomiendas que hagan esto o piensas que ya pueden iniciar su negocio justo después de graduarse?

Seguro que pueden hacerlo. Tenemos muchos ejemplos de ello, pero ¿cuál es la mejor forma de proceder? Creo que la forma más factible es que primero trabajes en otra empresa. Simplemente, porque la gente se siente más cómoda. Es como ir en bici. Primero quieres sentarte en la bici y probarla un poco, antes de lanzarte a pedalear y circular tú solo. Considero que es bueno contar con este sistema inicial de apoyo antes de impulsar tu propia empresa. Pero, también en este caso, todo depende. Si estás desarrollando un proyecto y estás muy ilusionado con él, porque es tu proyecto, no te detengas con el argumento de que «necesito más formación», ¿entiendes? Hay veces en que debes perseguir tu propósito, y todo lo demás ya lo resolverás a lo largo del proceso.

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