Deep Tech, la gran ola de innovación que podría cambiar el mundo, aún está lejos de América Latina

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El Space X, la revolución de la biología sintética o una vacuna contra el Covid-19 desarrollada con tecnología mRNA, son todas innovaciones que fueron impulsadas por startups deep tech que, cada día, seducen más a los inversionistas globales.

Las startups deep tech en América Latina recibieron menos de US$300 millones de capital de riesgo (menos del 7% del total de las inversiones) en 2019, según el informe del BID Lab Tecnolatinas, The Lac Startup Ecosystem Comes Of Age, que cataloga a la situación como «una gran oportunidad sin aprovechar».

Un panorama muy distinto a lo que ocurre en los países desarrollados, donde hay ejemplos emblemáticos del desarrollo deep tech: el primer avión supersónico después del Tupolev, el despegue y aterrizaje del Space X, la revolución de la biología sintética, los taxis voladores o las vacunas contra el Covid-19, desarrolladas con tecnología mRNA, todas innovaciones que fueron impulsadas por startups deep tech que cada día seducen más a los inversionistas globales.

El informe del organismo explica que los menos de US$300 millones de capital de riesgo son una suma todavía muy pequeña y para demostrarlo compara a Israel que, con 9 millones de personas frente a los 650 millones de América Latina, tiene un sector privado que está invirtiendo miles de millones de dólares en diferentes campos deep tech que abarcan desde la inteligencia artificial, ciberseguridad, IoT o blockchain, hasta otros como robótica, biotecnología, materiales avanzados, nanotecnología, etc.

«Estos campos encierran una gran promesa de transformar la Humanidad y América Latina no puede permitirse el lujo de quedarse atrás», recomienda el BID.

Solo para tener una idea del potencial, estimaciones de diferentes consultoras dicen que la inteligencia artificial puede agregar aproximadamente 1% del crecimiento del PIB por año a la economía global, mientras que se estima que la llegada del vapor agregó solo 0,3% al PIB, y sin embargo, cambió al mundo.

El informe Global Startup Ecosystem Report 2021 de Startup Genoma asegura que el «deep tech es el grupo de más rápido crecimiento a nivel mundial con un 30% del total» de emprendimientos, incluso más que el fintech. 

Pero a pesar de la importancia, muy pocos en América Latina están familiarizados con este término. En Tekios revisamos el informe Deep Tech: The great Wave of Innovation, de Boston Consulting Group (BCG), y la organización especializada Hello Tomorrow, el documento más citado sobre el tema, para contarles a nuestros lectores qué engloba el deep tech y por qué es tan importante reducir ahora la tardanza en su desarrollo en la región. 

¿QUÉ ES?

Según la definición de Swati Chaturvedi, cofundadora y CEO de la firma de inversión Propel(x), y la primera persona que acuñó el término de acuerdo con varios medios, «deep tech engloba las compañías que están fundadas sobre un descubrimiento científico o una genuina innovación tecnológica y que, además, se plantean convertir el mundo en un lugar mejor».

Las empresas deep tech se caracterizan por cuatro atributos principales, según el informe de BCG:

1.- Están orientadas a resolver un problema.

2.- Realizan una convergencia de tecnologías (el 96% de las empresas de deep tech utilizan al menos dos tecnologías y el 66% utiliza más de una tecnología avanzada).

3.- Han desplazado la innovación del mundo digital («bits») hacia el físico («bits y átomos»), desarrollando principalmente productos físicos en lugar de software (83% de las empresas tecnológicas actualmente están construyendo un producto con un componente de hardware).

4.- Las empresas deep tech se basan en un ecosistema de actores profundamente interconectado. 

«El deep tech puede transformar el mundo», dice el informe, «como ya lo hizo internet». O Tesla y SpaceX, dos buenos ejemplos de cómo unas startups pueden transformar industrias completas para aprovechar en profundidad el potencial de la tecnología. «Puede impulsar la innovación fundamental y abordar cuestiones cruciales en una economía de manera sostenible mientras desbloquea el crecimiento», explica BCG.

Su impacto es de tal envergadura que BCG considera que la explosión del sector deep tech representa la cuarta ola de la innovación.

La primera consistió en la primera y segunda revoluciones industriales; la segunda fue impulsada principalmente por los laboratorios corporativos (como IBM, Xerox Parc) y su relación con la comunidad científica para realizar investigación básica; la tercera vio el declive de la investigación corporativa y el surgimiento de pequeñas empresas disruptivas, respaldadas por el capital de riesgo, que luego definieron el modelo Silicon Valley que se centró en TI/digital y biotecnología, una ola que aún no termina cuando se asoma la transformación liderada por el deep tech. 

EL DINERO ESTÁ LLEGANDO

Los inversionistas han comenzado a reconocer este potencial a nivel global. El aumento de la financiación deep tech ha aumentado de US$15 mil millones en 2016, a US$60 mil millones en 2020. En cuanto a inversión por evento en startups en etapa inicial, el informe confirma un aumento de US$360 mil por evento, a US$ 2 millones, entre los mismos años. 

Y las fuentes de inversión se están ampliando. Si bien las empresas de tecnología de la información y las comunicaciones (TIC) y biofarmacéutica continúan invirtiendo sustancialmente en deep tech, las grandes empresas más tradicionales se están volviendo cada vez más activas. «Cada vez más empresas e instituciones convencionales reconocen que las soluciones a los grandes problemas y el futuro de la innovación se encuentran en el deep tech», amplía el informe.

Sin embargo, las cosas en América Latina se ven un poco más difíciles. «Muchas empresas buscan financiación en la fase inicial de investigación, mucho antes de que puedan poner un producto o incluso un prototipo en manos de clientes potenciales, lo que significa se tienen pocos KPI, o ninguno con los que puedan evaluar la tracción y el potencial del mercado. Otro factor que complica la llegada de inversión es el riesgo tecnológico: muchos inversores en tecnología profunda no tienen la experiencia interna específica que necesitan para evaluar con precisión el potencial de las tecnologías emergentes». 

Por esta razón, explica el informe, los esquemas de financiamiento público-privado son cada vez más importantes para financiar empresas de deep tech a lo largo de todo su ciclo de vida; y los fondos de capital de riesgo corporativo (CVC), las incubadoras y las aceleradoras se han convertido en socios predominantes, ya que brindan no solo financiamiento sino otras formas críticas de apoyo. 

DISMINUYENDO EL REZAGO

«Nosotros estamos convencidos de que en los próximos años muchos de los unicornios que se generen en Latinoamérica (además de los típicos sectores de e-commerce, fintech y proptech) surgirán del deep tech: biotecnología, synthetic biology, inteligencia artificial, robótica e IoT, crypto y DeFi, nuevos materiales aplicados a industrias como Energía, Salud, Industria Espacial, Finanzas, Gobierno, AgriFood Tech», dijo la compañía Draper Cygnus, con base en Argentina, cuando anunció hace apenas unos meses que está levantando su segundo fondo regional de US$50 millones para invertir en startups de la región apalancadas en deep tech en etapa inicial.

La iniciativa respaldada por el inversionista Tim Draper, VC legendario de Silicon Valley, es una de las pocas que existen de este tipo en América Latina. Entre las startups en las que han invertido sus socios a través de diferentes vehículos están Skyloom, Stamm, Panarum y Novo Space y Satellogic, en diferentes industrias como el espacio, biotecnología y salud. 

Tímidamente se suman otros actores que se atreven a invertir en las startups que prometen cambiar el mundo desde América Latina, entre estos están: Cites GRIDx, Nxtp Ventures y Jaguar Ventures.

«Para tener una idea del potencial sin explotar debemos recordar que la región tiene más de 640.000 investigadores a tiempo completo que realizan Investigación y Desarrollo y que pueden ayudar a impulsar el deep tech en la región», dice el informe del BID.

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Cofundador de Tekios, es ingeniero industrial y periodista. Tras una larga experiencia en México y en Colombia en los sectores financiero, manufacturero e inmobiliario, hace más de una década publica en diferentes medios de América Latina: Milenio, El Universal, Expansión, Chilango, Animal Político (México); CNN y Esquire (Latam); Clarín (Argentina); Semana, Cromos (Colombia). Fue corresponsal de AméricaEconomía en México. Su continua búsqueda de historias originales y trascendentes dentro del periodismo de economía y negocios, lo llevaron al encuentro con las tecnologías disruptivas y su gran poder transformador para la región.

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