Las nuevas tecnologías en los servicios, catalizadoras del vuelo económico que necesita Latinoamérica

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Por Fabrizio Opertti, Gerente del Sector de Integración y Comercio del Banco Interamericano de Desarrollo.

En los viajes de trabajo que hice este año por muy variados países pude constatar in situ los daños económicos y sociales provocados por una catástrofe biológica (la pandemia de Covid-19) y otra geopolítica en marcha (la guerra entre Rusia y Ucrania), de las cuales nos hablan las estadísticas.  Pero a la misma vez, pude confirmar que la integración y el libre comercio, cuando se combinan con las tecnologías digitales, conforman una poderosa cúpula económica que ayuda a evitar males mayores, abre oportunidades de desarrollo poliédrico que entusiasma y permite ver con optimismo el futuro de América Latina y el Caribe (ALC).

Un desastre mundial doble que golpeó rápidamente las dinámicas de comercio tradicional de bienes y, por supuesto, a la economía en general.

La pandemia, en la fase más dura, trastocó la vida empresarial y provocó el cierre de los puertos que mueven el comercio mundial. La invasión de Rusia a Ucrania, en febrero pasado, y una guerra prolongada, sumó la primera crisis energética de magnitud del siglo XXI, con todo lo que ello supone.

Los datos de la Organización Mundial de Comercio (OMC) muestran la desaceleración del comercio de mercancías, como consecuencia de una moderación en la demanda de importaciones que refleja la desaceleración de la actividad en las principales economías. Esta orientación en declive se prolongará por lo menos hasta 2023, con una ALC muy afectada: una suba casi inexistente en términos de intercambio.

El edificio mundial se tambalea, pero hay pilotes más resistentes que otros, como el de las exportaciones de servicios digitales basados en el conocimiento, que ayudan en su sostenimiento, un puntal para enfrentar la crisis y con todas las condiciones para transformarse en un paradigma de desarrollo eficiente, así como el germen de un círculo virtuoso económico.

Es un fenómeno que involucra a la influyente industria del software, pero que la trasciende cuando nos damos cuenta de que estamos hablando también de videojuegos, animación, producción de películas, análisis de datos, diseño web… o de otros servicios importantes que pueden ofrecerse más allá de la frontera: telemedicina, ingeniería, sismología, arquitectura. Cuando pensamos en servicios contables o jurídicos y hasta de psicología, nos damos cuenta de que las posibilidades son infinitas. 

Nuestros estudios muestran que los exportadores de servicios digitales basados en el conocimiento son siempre más productivos que sus pares de bienes. Hemos comprobado siete puntos porcentuales de diferencia, gracias al papel determinante del componente digital.

Algo muy sensible en una región donde se perdieron más de 25 millones de trabajos formales, es que los servicios son un gran creador de empleo, 63% en promedio, un sugestivo recordatorio de que los puestos se pierden por las actividades que se automatizan, más no por las ocupaciones que, en el mundo digital, requiere de capital humano formado y de altas remuneraciones con relación al promedio de los salarios.

Una ventaja comparativa adicional es que se ha podido comprobar su menor exposición a la volatilidad de los precios, una propiedad muy apreciada en un contexto de alta inflación mundial.

La trayectoria del sector a lo largo del tiempo ha sido excepcional como revela un crecimiento acumulado entre 2005 a 2018 de 145% de las exportaciones basadas en el conocimiento, cuando los sectores tradicionales en el mismo período representaron menos de 90%.

Hace alrededor de una década, cuando la agenda económica y el checklist de políticas públicas transitaban un andarivel muy diferente al actual, en el BID empezamos a visualizar el potencial de la región en las exportaciones de los servicios basados en conocimiento. De hecho, en el 2011 organizamos la primera edición del foro empresarial Outsource2LAC en la región, reuniendo a emprendedores tecnológicos de todo el mundo para aprender y hacer negocios.

En todo caso, lo que hoy nos sorprende a todos fue el salto de servicios como la tecnología y la informática durante los dos años de tensión por el Covid-19, que nos dejan los trabajos híbridos y un enorme desarrollo de la telemedicina.

Diez años de estudios, exitosos programas de apoyo y de conversaciones horizontales con los interlocutores de ALC, nos permitió extraer ciertas enseñanzas para aprovechar de buena manera el desarrollo de los servicios a distancia como instrumento de exportación.

Ciertamente que todo ello trae aparejado nuevos retos y responsabilidades por parte de las empresas, el Estado e instituciones como la nuestra. No hay milagro sin el mancomunado esfuerzo de todas las partes involucradas; y cada uno desde su terreno de juego.

La experiencia demuestra que la coordinación del sector público con las empresas es beneficiosa en múltiples aspectos: la promoción de la adquisición de conocimiento; el fomento de mercados saludables; y el reforzamiento de la economía con las nuevas tecnologías.

Los beneficios podrían ser ilimitados si somos capaces de sortear barreras que entorpecen el desenvolvimiento de actividades que requieren de alta especialización, un ambiente apropiado para la creatividad, un marco regulatorio que incluya factores de flexibilidad laboral y una infraestructura adecuada que debería manifestarse en la alta velocidad de banda ancha y en aspectos de ciberseguridad.

Como ocurre en todos los sectores de punta de la llamada Cuarta Revolución Industrial, que supone el desarrollo de conocimientos y destrezas de automatización, Inteligencia Artificial (IA) y de realidad virtual, la oferta de capital humano a corto y largo plazo es una condición determinante.

Sin ese conjunto de políticas públicas, de aseguramiento de la tecnología digital, el desarrollo de las exportaciones de los servicios basados en conocimiento será más una quimera que una realidad.

De este modo, la región podría sacar provecho a esta nueva economía que ilumina el futuro. Un estudio reciente del BID sugiere que, solo sin una brecha en la infraestructura digital, América Latina podría generar ganancias del Producto Interno Bruto de entre 2% y 17%, según los casos.

Una agenda robusta para el desarrollo de los servicios digitales basados en conocimientos es una jugada segura, un ganar-ganar para todos los actores involucrados y, por tanto, beneficiosa para un país o incluso para plataformas regionales.

La gestión del BID alrededor del universo digital habla por sí solo de su compromiso con un futuro diferente y promisorio:

  • Más de mil millones de dólares en préstamos para promover la digitalización, con énfasis en la expansión de la infraestructura para el acceso a internet por las redes de banda ancha tanto fija como móvil. Chile, Colombia, Trinidad y Tobago, y Uruguay son cuatro países comprometidos con esta agenda de desarrollo, reflejándose en proyectos con el BID.
  • Programas de capacitación en varios países, bajo la figura de Finishing School, mediante asociaciones público-privadas, con el objetivo de capacitar a jóvenes que luego ingresan a la compañía involucrada.
  • La creación de ConnectAmericas, una plataforma virtual, con un claro sentido de comunidad, para promover oportunidades de negocios en todos los sectores y en el de de servicios globales de exportación en particular.

Reconocemos que se han puesto mojones en la dirección correcta, aunque es largo el camino que falta recorrer en la formación de capital humano, mejora de la conectividad, así como avanzar en un programa tan dinámico como ambicioso en sus propósitos cuando incluimos en la conversación los acuerdos de doble tributación y las regulaciones eficaces de protección de datos, propiedad intelectual y habeas data.

*Este artículo fue publicado originalmente en el blog Más allá de las fronteras, del Banco Intermaricano de Desarrollo (BID).

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