El cambio en la educación financiera de los colombianos que exigirá el open banking

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Por José Luis López Amador, CEO de Finerio.

Durante años el énfasis educativo en materia financiera ha sido el de proteger rigurosamente los datos personales, como las claves y los números de las tarjetas. Incluso por mandato legal, las entidades bancarias en Colombia deben apoyar la educación financiera de sus clientes. «No compartas tus contraseñas; no pidas ayuda a terceros (para operaciones bancarias)», son frases que han sido un mantra educativo por décadas.

Sin embargo, este paradigma hermético parece estar viviendo sus últimos meses en Colombia. Los avances tecnológicos en el sector bancario han movido incluso ese sólido principio que ordenaba no compartir las credenciales de los productos bancarios de los clientes.

El caso más puntual de estos cambios en la dinámica educativa es el que viene del open banking, que es la actividad que hacen compañías especializadas dentro del sector bancario, para administrar, limpiar y utilizar los datos de los usuarios en pro de sus necesidades y sus posibilidades. A pesar de que su regulación no se ha podido concretar, y el proyecto de ley con comentarios aún reposa en los despachos del Ministerio de Hacienda, su eventual aprobación pateará el tablero de la educación financiera y seguridad.

El open banking, como lo indica su nombre, abre la puerta que durante años ha impedido el buen uso de los datos de los clientes, para mayor beneficio de ellos y de las entidades bancarias. Entre esas barreras están las credenciales, contraseña y banco, que deben ser compartidas, una vez lo haya aprobado el titular de los datos, con la entidad que haga operaciones de banca abierta para poder disfrutar de los beneficios. De no ser así, es imposible modernizar la banca nacional. En caso de lograrlo, hay que educar justo en contracorriente de lo que se ha venido haciendo durante años.

Este cambio de paradigma educativo ha representado un reto en los países que han regulado el open banking, como México o Brasil, las dos economías más fuertes de la región. Incluso ha sido mayor en los países donde se ha optado por hacer obligatorio el open banking, o sea la entrega de las credenciales o lo que diga la legislación vigente. En contraposición a los retos, propios de toda innovación, están las amplias ventajas que traerán al sistema.

En el último Innovarómetro, publicado por la Superfinanciera en 2021, la mayoría de las entidades encuestadas creen que el open banking es fundamental. La acogida de la tecnología en el sector financiero han sido amplia en varios países, como en Brasil, donde un mes después de puesto en marcha, el open banking logró tener más de un millón de aprobaciones para compartir datos, según el Banco Central; o en Reino Unido, donde ya hay más de cinco millones de aprobaciones para compartir datos.

Por un lado, los clientes bancarios o financieros podrán acceder a mejores productos y servicios, hechos a la medida de sus posibilidades y necesidades, evitando gastos de más; por otro, las entidades bancarias conocerán mejor el comportamiento financiero de los usuarios, lo que les permitirá disminuir riesgos y crear nuevas líneas de negocio que incluso podrían mejorar la inclusión financiera nacional. De esta manera, la modernización de la banca nacional iniciaría una nueva era en la cual todos los actores que la constituyen se verían beneficiados.

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