Rodrigo Tumaián, presidente de la Cámara Uruguaya de Fintech: «Podemos construir productos que generen valor al mundo y los podemos construir desde Uruguay»

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Tekios conversó con el líder gremial y también CEO de Prometeo sobre el auspicioso momento que viven las fintechs de su país, de la camada de desarrolladores de talla mundial con que cuenta el ecosistema local y de la notable huella que ha dejado el Plan Ceibal en la educación digital de los uruguayos.

De formación ingeniero, el ahora presidente de la Cámara Uruguaya de Fintech, Rodrigo Tumaián, también CEO de Prometeo, es un hombre de mundo, uno de esos formados en la tecnología que, sin buscar trabajo, pero apoyado por su universidad, terminó trabajando para una empresa india al inicio de su carrera.

Con su esfuerzo, fue logrando lo que nadie había hecho, avanzar por los carros del tren de la empresa: desde el vagón de soporte nivel uno, luego al de la infraestructura y después al del área de seguridad informática.

Pero tres años son suficientes y vuelve a ligarse a su país, a través de una empresa nacional proveedora de tecnología para instituciones financieras, un ámbito de conocimiento que potenciará luego en una empresa estadounidense, trabajando codo a codo con procesadores de tarjetas que necesitan sumar recursos de seguridad. Es el momento del destete, cuando crea su primera empresa, una especializada en una certificación de seguridad para firmas que trabajan con tarjetas de crédito.

Cuando llega 2015, nadie habla del concepto fintech; y él, menos adivina que, debido a su inquietud galopante, terminará en la posición principal del gremio de su país, un ecosistema con un desempeño que acaba de ser destacado por el Global Fintech Rankings Report 2021, donde Uruguay aparece en la posición 17 de este índice, entre España y Rusia, solo superado por Brasil en América Latina. E inesperadamente arriba de los ecosistemas de México y Colombia, países que en la región solo miraban con admiración a Brasil.

-Por el 2015 te toca ser pionero en los avances tecnológicos de los servicios financieros de tu país. ¿Cómo veía el sector bancario tradicional lo que ustedes comenzaron a desarrollar?

-Con mi empresa abrimos nuestro nicho, porque éramos sólo nosotros. De hecho, ni siquiera nuestros compañeros fintech entendían lo que hacíamos. Era como algo raro que se pudieran conectar al banco. Uruguay es una plaza bastante conservadora para lo que es el sector financiero y nosotros éramos bastante más innovador. Y por eso nos pasó por mucho tiempo que la gente viera nuestro trabajo como algo que no era útil.

Pero pasó que desde 2015 hasta 2019 empezó a tener cabida el concepto open banking, hablar de conectarse a un banco. Por lo pronto en Uruguay el sector financiero comenzaba a enterarse de que existía un término llamado fintech y de que lo que hacías era fintech, desarrollar tecnologías para el sector financiero. No había un acercamiento tan real y fue una etapa difícil, porque el banco central incluso llegó a regular una de las verticales, y eso generó que tuvieron que cerrar las cuatro fintechs que hacían eso. Algunos compañeros dejaron de emprender directamente. Hubo un caso de hecho que el muchacho en el proceso se divorció de la esposa, se fue a vivir a Montevideo y el banco central le mató el emprendimiento…

-¿En qué año sucede eso?

-En 2017 formamos la cámara. Yo te diría que en 2018.

Bueno, después hubo un caso muy famoso que tuvo cierta sonada internacional. Banco Nacional tuvo conflictos con algunas fintechs que lo llevaron a tener problemas grandes; ahí también terminaron cerrando algunas. En resumen, hubo una etapa primero de descubrimiento, luego de confrontación y ahora estamos en un escenario completamente distinto. Yo creo que ahora está mucho más aceptado que existe una realidad fintech, porque el banco central tuvo un buen aprendizaje también. Fue justo en el momento en que empezaron a hacer consultas públicas, llamaron al sector académico, a las incubadoras, a las empresas vinculadas a emprendimientos, el sector financiero, los bancos, todo el ecosistema que de alguna manera tiene que ver con negocios… Todos los integrantes del sistema financiero fueron invitados a una reunión para preguntarles: ‘¿De qué quieren hablar?’.

Por mi lado me interesaba el tema de banking e insistí en el tema. Eso generó que el banco central generó una dinámica muy buena, formar una especie de grupo de estudio donde invitó a diferentes áreas y gente especializada, entre ellos nosotros, para poder ver cómo regular el open banking. Una dinámica bisemanal en la cual se planteó una ruta de trabajo, fechas específicas desde principio de año hasta hoy, y que se termina a fin de año, donde se ha hablado de las distintas fases de implementación del open banking, y asuntos como cuál es el estándar o no estándar, quién lo implementa, cuáles son los beneficios, las dificultades. Muy beneficioso, porque uno no sólo se sienta a escuchar, se han generado conversaciones súper interesantes, ha habido entidades regulatorias de todo tipo, ha estado el Banco Mundial presente, entidades que han regulado el sector salud, que también tienen experiencia sobre regulación de seguridad. También, obviamente, los bancos, las consultoras. Desde la Cámara celebramos enormemente esta iniciativa que, hasta ahora, no había pasado.

-Cuando asumes la Cámara era un momento de aprendizaje, incertidumbre y escepticismo. Luego el banco central se abre y forma este grupo interesante. ¿Cuál fue la clave para ese cambio? ¿Las autoridades? ¿La maduración? ¿El número de emprendimientos que se generaban?

-Es todo un poco. El periodo más duro regulatorio lo vivió el presidente anterior. Cuando entré había cambio de autoridades e incertidumbre respecto a lo que iba a pasar. Luego comenzaron a reconocer a la Cámara de Fintech como un actor importante y que tenía una opinión. Siempre nos invitaron a las mesas, independiente de los resultados; siempre hubo un lugar para nosotros dentro del banco central y eso es algo para destacar.

En paralelo, empezamos a aceptar muchos más tipos de fintechs y en diferentes estados. Gente que estaba en etapa tres, gente que estaba en la universidad haciendo su tesis y estaban en la etapa de investigación. La Cámara creció mucho en ese sentido, porque no sólo entraban empresas que habían recorrido un tramo importante. Comenzó a abarcar más, porque todos hemos pasado por ese camino y el objetivo de la Cámara también es poder ayudar a los que están caminando un poquito más atrás. Si hay un camino que ya pasamos, sabemos cómo se resuelve y la ayuda que podemos dar puede servir. Está bueno que eso esté ahí presente. La interacción ha aumentado un montón desde ese momento y eso creo que ha ayudado también a que las fintechs sean más cercanas para todo el mundo.

-En ese momento estaba Tabaré Vásquez en la presidencia de Uruguay. ¿Desde el gobierno había interés por avanzar en la democratización de los servicios financieros? ¿Era un tema? ¿Sonaba?

-Sí, de hecho, el Ministerio de Economía siempre fue muy afín al fintech, durante la presidencia de Tabaré también. Había un buen diálogo que lo vivió más el presidente anterior, pero diría que sí, que desde el gobierno había una mirada a favor, independientemente de cómo se reguló después o si se reguló más a las fintechs o más a los bancos. Creo que todo era tan temprano para todo el mundo que hubo una etapa de aprendizaje.

-Ese aprendizaje ha llevado al momento actual, auspicioso para la industria local fintech. ¿Cuáles son los factores de base que a tu juicio hacen que el ecosistema esté pujante? ¿Cuáles son los pilares en los que se apoya la industria de las fintech?

-Creo que son varios, por ejemplo, la política de apoyo a los emprendimientos. Hay apoyo de organismos del Estado, enfocados a la innovación, al desarrollo territorial y a las pymes, sobre todo. Este apoyo al crecimiento de emprendimientos, obviamente, igual tiene características acordes a la geografía y a la población de un país pequeño entre dos países muy grandes, donde no hay un mercado interno tan grande… Probablemente siempre estamos mirando para afuera, pero en Uruguay hay una clase media muy fuerte y un nivel educativo también bastante alto que permite que, muchas personas migren para ver lo que está pasando en el mundo, tomen buenos modelos y regresen para crear soluciones.

Otra cosa que es importante es que hay mucho incentivo al desarrollo de software como al nivel de dispositivos. Hay desarrollo de las empresas de software que venden hacia el exterior, y eso ha propiciado que hay muchas empresas haciendo tecnología a un nivel de clase mundial y en eso la facultad ha ayudado un montón. Buenas universidades y nivel educativo de calidad han permitido desde Uruguay tener softwares de calidad mundial. También buenos negocios que pueden funcionar, ejemplo de eso es que termina pasando lo de dLocal, en definitiva.

NULA PRENSA

-A raíz del 5G, en 2019 entrevisté a Andrés Tolosa, líder de la compañía estatal uruguaya Antel, sobre el hito realizado en la localidad de La Barra, en el municipio de Maldonado, donde habían lanzado el primer servicio comercial de red 5G de A. Latina. Aquello sorprendía, porque pareciera que Uruguay no tiene prensa. Ni mala ni buena.

-Definitivamente. Mi opinión es que eso está cambiando, esta cultura de la humildad que ha llevado a que tal vez por eso no tenemos tanta prensa. Tal vez muchos de nosotros estamos aprendiendo a valorar que hacemos cosas buenas que vale la pena contar, y que eso no es falta de humildad, sino todo lo contrario, es darle valor a las cosas que estamos haciendo.

En el caso del 5G, en el caso de la fibra, Uruguay tiene un nivel de conectividad muy alto, y eso es parte del montón de indicadores altos que tiene Uruguay en el Índice de Desarrollo Humano. Como decía un amigo en México: ‘País pequeño, problemas pequeños; país grande, problemas grandes’. Creo que hay una parte de ser un país pequeño que ayuda a que los problemas no sean tan extremos y que haya una red social de protección que ayuda a que el ambiente y las cosas puedan avanzar más contenidas.

-Recién resaltaste este ícono que es dLocal, la punta de lanza del ecosistema uruguayo. Ahí hay un ejemplo claro de prensa, y muy buena, sobre una fintech que muestra Uruguay. ¿Cómo evalúas la potencia de ese logro? ¿Quiénes van detrás de dLocal, como se hace en el ciclismo, pegaditos en la carrera, aprovechando que el unicornio va cortando el viento?

-Creo que dLocal sacó una ventaja enorme al siguiente. Hay buenas empresas más atrás, pero están lejos. Independiente de eso, dLocal generó un efecto muy positivo para todo el país.

Creo que, al ser un país de tres millones de habitantes, la relación entre la cantidad de personas y los logros a lo que se llega genera un valor más grande respecto de lo que generaría algo similar en un país gigante.

Si se trata de destacar algunas fintechs nacionales que están haciendo un trabajo fantástico, diría que Mi cheque; la empresa Prex también está escalando, ya trabaja en Uruguay, Argentina y Perú, se está metiendo de a poco en Latinoamérica y les ha ido fenomenal. Esos creo que son los siguientes ciclistas y creo que son admirables, cada uno en su propia área. Bueno, nosotros en Prometeo también estamos por buen camino.

-¿Cuáles son los segmentos fintech más potentes en el país?

-Lending. Luego creo que el área de payment, donde en su momento estaba dLocal, Paganza. Después quedamos empresas como nosotros (Prometeo), que son de infraestructura financiera, billeteras electrónicas.

“LOS QUIERO CONTRATAR CUANDO CREZCAN”

-¿Cuál es la potencia del relacionamiento que tienen las universidades uruguayas con la industria financiera? En algunos ecosistemas eso está medio cortado, como Chile no se ve mucho eso, a diferencia de Colombia.

– Te diría que es entre la de Colombia y Chile. La universidad donde yo estudié, la universidad ORT, colaboró en fundar la primera incubadora estatal, también de las primeras en Latinoamérica. Ahora tiene su propia incubadora, como la Universidad Católica también. Creo que la Udelar, que es la universidad pública, también tuvo algún programa. O sea, diría que hay una aproximación.

Efectivamente, las iniciativas que he visto en Colombia son bastante más desarrolladas y ellos tienen experiencia vinculando mucho más al ecosistema emprendedor, para que compita. En ese sentido creo que Uruguay está en muy buen camino, pero siempre hay más para hacer.

-Uno de los factores que hizo que el Global Fintech Rankings Report 2021 destacara el ecosistema de Uruguay fue el tema de la educación digital, y en específico del plan Ceibal, creado en 2007. ¿Cuánto ha aportado ese plan en posicionar la variable de la tecnología como pilar en el modelo de desarrollo del país?

-Tengo dos anécdotas personales con Ceibal. La primera, cuando yo era estudiante universitario, con mi docente de seguridad informática mientras hablábamos de temas de seguridad y proyectábamos las posibilidades de emprender, él dijo algo súper interesante sobre Brasil: que su nivel de seguridad informática era impresionante y comenzó a contarme que hace mucho tiempo había apostado por el software libre a nivel educativo y por eso se veía ahí un nivel muy avanzado en las personas que estaban en el ambiente. Y dijo que él se veía a futuro más vinculado a la gestión, porque la generación del plan Ceibal ‘me va a dar todo el conocimiento que yo he acumulado; va a ser una ínfima parte de lo que ellos van a saber’. Eso me marcó mucho.

La segunda, es que conocí a un niño que tendría unos seis o siete años. Acá las primeras versiones del plan Ceibal eran las de Nicholas Negroponte (el impulsor del programa “Una computadora por niño”), y se basaron en un sistema Linux. Era una interfaz hecha para niños. Entonces, un día, en una escuela, un niño no sé por qué se acercó a mí y le pregunté qué hacía en la computadora y me mostró dos softwares. El primero era un programa que tenía cajitas que él iba enganchando una con otra mediante programación; él iba conectándolas y eso ejecutaba acciones. Lo que generaba por debajo era código Python, que es el lenguaje que utilizan las empresas el día de hoy, que utilizamos todos. Lo segundo, que me pareció sorprendente, es que en el sistema Linux usaba una terminal, que es como una ventana que te permite hablar directamente con el sistema operativo sin interfaz de por medio. Bueno, este niño abrió una terminal, entró a la raíz del sistema, borró un archivo de configuración, reinició la máquina y me dijo: ‘¿Quieres ver cómo cambio los colores de fondo?’. Él había logrado customizar su laptop con todos los colores que quería, con los formatos y textos que quería gracias a eso. A mí me sorprendió porque no sólo había entrado al sistema, al saber comandos de Linux, sino que también sabía que al reiniciar qué iba a pasar. Siete años. Le pregunté ‘¿cómo aprendiste eso?’. Y me respondió, ‘me lo contó un amigo’. Para mí eso fue la máxima expresión de cómo la tecnología y esos niños habían aprendido desde el juego y desde el ‘alguien me contó’ y probando cosas, que es como se termina aprendiendo en el área de software libre. Ese niño empezó a encontrar que la tecnología no era algo dado, sino algo que él podía modificar para sus gustos. Para mí eso fue ¡wow!, lo quiero contratar cuando crezca.

-Esas anécdotas reflejan una política pública que hace posible lo de aprender gozando. ¿Esa pasión la absorben chicos de escasos recursos? ¿O es más amplio?

-Cualquier niño que vaya a la escuela pública. La escuela pública todavía en Uruguay es de acceso masivo y con el tiempo se han trasladado ahí mucho más la clase media y alta, es bastante heterogéneo. La escuela depende del barrio y hay en todos los barrios. Pasa esto porque el colegio privado te ofrece un salón de computación, sin embargo, las familias ya tienen computadoras con este plan. Pasó que una familia que tal vez nunca había tenido una computadora en su vida, tampoco sus padres, un día tuvo un equipo donde (los adultos) podían aplicar a un trabajo. No es algo que leí, es algo que pasó. Para inscribirse a tal llamado del Estado usaban la laptop del niño. Para mí ha sido fantástico, sólo tengo cosas buenas para decir respecto a eso.

-Exporten esto al resto de Latinoamérica ya, por favor… ¿Qué pasa con los temas de género en la industria fintech de Uruguay? ¿También se puede hablar de éxito? ¿Hay emprendedoras?

-Creo que el tema de género cayó en todos los países y nos ha obligado a todo el mundo a hablar de esto, independiente de si estás de acuerdo o no. Es una conversación que todos hemos tenido y nos ha llevado a cosas muy positivas, de entrar en conciencia de que las cosas no son y tal vez las asumías que sí eran. En los cargos públicos, políticos y demás las estadísticas hablan por sí solas de las diferencias que hay, así que creo que la conversación ha ayudado mucho a preguntarse cómo balancear un poco más los equipos y que no sólo sean de hombres. Equipos más balanceados generan un ambiente, un ecosistema y relaciones laborales mucho más amenas, agradables, mucho más sanas, tal vez. Para mí la conversación sobre género ha sido súper positiva en ese sentido. Yo tengo una socia, de hecho.

DESDE URUGUAY PARA EL MUNDO

-¿Cuáles son las debilidades del ecosistema fintech uruguayo? Bájate del trono y cuéntame qué es lo que falta.

-Falta más difusión de modelos de negocios más globales. Falta dejar de apostar tanto a la factory, porque terminas vendiendo mano de obra barata del tercer mundo, y empezar a mirarnos a nosotros mismos y decir ‘hay valor humano acá con un buen nivel educativo, con buen nivel de compromiso, podemos construir cosas que valen la pena, podemos construir productos que generen valor al mundo y los podemos construir desde Uruguay’. Ese norte hay que difundirlo más, para pasar al siguiente nivel: construir valor agregado desde Uruguay para el mundo.

-¿Hasta cuándo dura tu mandato?

-Me queda un año más.

-¿Hay algún logro específico que al terminar tu gestión te gustaría poder mirar por el retrovisor?

-Me gusta pensar que va a ser que ayudé a vincular a nuevas empresas, nuevas startups y emprendedores, porque emprender realmente es súper difícil; yo viví la experiencia y fue difícil. Me gustaría que el camino recorrido se tradujera en emprendedores de una generación que pueda construir cosas más grandes que las que nosotros estamos construyendo. Si miro para atrás y veo que eso se ha logrado, estaría muy conforme.

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Editor Jefe y Cofundador de Tekios. Es periodista y escritor. Especializado en la cobertura periodística de las industrias relevantes en Latinoamérica, fue Editor General de AméricaEconomía para Latinoamérica, y antes, Director de Contenidos del matinal ciudadano de Ecuavisa en Ecuador, y editor en el diario digital El Mostrador de Chile.
Ha colaborado con SOHO (Colombia), Vistazo (Ecuador), LABSnews (Brasil), La Nación Domingo, Fibra y Plan B (Chile), o Rest of World (EE.UU.).

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