Expertos del BID se preguntan: cómo la pandemia nos puede orientar sobre el diseño del hospital del futuro

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Livia Minoja y Wilhelm Dalaison, especialistas en Infraestructura Social; Ignacio Astorga, epecialista líder en Salud; y Carlos Henríquez Cortez, nos cuentan los aspectos clave de los sistemas de salud del futuro.

El COVID-19 tomó al mundo por sorpresa como la primera gran pandemia del siglo XXI. Su rápida propagación dejó al descubierto una serie de falencias y debilidades en los servicios de salud alrededor del planeta, incluyendo la infraestructura. Sin embargo, también dejó lecciones y experiencias que pueden servir para estar mejor preparados en el futuro. 

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En América Latina y el Caribe (ALC) el impacto fue profundo, con más de 70 millones de casos y 1.7 millones fallecidos, un valor 2,8 veces superior al promedio mundial y con el doble de letalidad. En diversos momentos, la capacidad de respuesta de los servicios de salud se vio sobrepasada por la demanda, lo que generó el colapso de salas de urgencias y de cuidados intensivos. Los sistemas de salud se vieron enfrentados a una serie de problemáticas como la falta de personal capacitado en número suficiente, la necesidad de grandes volúmenes de equipos médicos e insumos no disponibles, y la generación sin precedentes de residuos hospitalarios.  

Sin embargo, esta situación propició la aparición de soluciones innovadoras, algunas exitosas y otras no, que podrían cambiar la forma en que pensamos los servicios de salud y el diseño de los hospitales en el futuro.  

Desde el inicio de la pandemia, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha acompañado a los países de ALC con todas sus capacidades y conocimiento, así como con el intercambio de experiencias que les permitieran entender, procesar y actuar de manera ágil y coordinada. Asimismo, el BID financió inversiones en infraestructura, equipamiento, e insumos en varios países, incluyendo la compra de vacunas. 

En materia de infraestructura, al inicio de la crisis, las soluciones implementadas por los países fueron múltiples, dictadas por la urgencia de encontrar soluciones de rápida implementación, de acuerdo con el contexto específico y a las disponibilidades locales. En 2020, el BID realizó un primer diálogo regional donde se compartieron experiencias interesantes de China, Italia y España. En dicha actividad, estos países mostraron los primeros desafíos, aciertos y errores que enfrentaron, y fueron marcando el camino para enfrentar la crisis.  

Dada la diversidad de experiencias, dentro del BID surgió la pregunta: «¿Qué hemos aprendido a la fecha de la respuesta a la pandemia, que nos ayude a pensar el hospital post COVID?». Para responder esta interrogante se llevaron a cabo una serie de foros con expertos de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, España, Guatemala, Italia, México y Perú, que se organizaron en un conjunto de preguntas clave: 

  1. ¿Cómo influye la organización en red de los servicios de salud? ¿Cómo se relaciona entre sí la infraestructura de salud?       
  2. ¿Cuál es el impacto de la telesalud y de las tecnologías de la información y comunicación en los servicios ambulatorios y hospitalarios? 
  3. ¿Qué rol debe jugar la Atención Primaria como el nivel más cercano a la comunidad? 
  4. ¿Cómo debemos diseñar y dimensionar los hospitales para que puedan adaptarse a cambios rápidos y masivos a la demanda?  

CUATRO ASPECTOS CLAVE DE LOS SISTEMAS DE SALUD DEL FUTURO

Como resultado de este proceso, la publicación del BID «Hospitales, tecnología y redes» resume las lecciones aprendidas y recomendaciones que buscan orientar a los países de ALC a fortalecer sus sistemas de salud para enfrentar de mejor manera futuras pandemias. Las recomendaciones se centran en 4 aspectos clave:  

1. Funcionamiento en red. El funcionamiento en red de los sistemas de salud es más que nunca, fundamental. La respuesta del sistema debe ser integrada y coordinada en su conjunto de manera que los diferentes actores y establecimientos que componen la red sean complementarios unos con otros, capaces de ajustar su capacidad de atención y de brindar el apoyo necesario como un conjunto frente a un incremento repentino en la demanda. 

2. Salud digital. La salud digital llegó para quedarse y debe ser considerada como un elemento clave al dimensionar, diseñar y organizar los establecimientos de salud. Por ejemplo, el número de salas de consulta médica presencial o el dimensionamiento de las salas de espera puede verse reducido al implementarse la teleconsulta.  

3. Atención Primaria de Salud (APS). La APS juega un rol clave en la respuesta sanitaria por su cercanía con la comunidad, así como por su capacidad de resolución. Por eso es necesario incluirla desde un inicio en el diseño de la respuesta de emergencia, ya que puede resolver el mayor volumen de demanda reducir la demanda en la comunidad, reduciendo la demanda de espacios para emergencias, de camillas de observación camas de baja complejidad en hospitales. 

4. Diseño hospitalario. Los nuevos hospitales deben estar preparados para incrementos no programados de la demanda, tanto su estructura como organización. Necesitan diseños flexibles que les permitan responder al aumento repentino en la demanda de camas, áreas de apoyo, personal competente y servicios de soporte, pero a su vez, para evitar su sobredimensionamiento y garantizar así su sostenibilidad en el tiempo.  

NUEVOS CRITERIOS DE DISEÑO HOSPITALARIO

Así como hablamos de que los hospitales deben sostenibles, resilientes y seguros ante riesgos de desastres, esta experiencia permitió definir otros criterios de diseño que cada vez serán más relevantes: 

a. Dimensionamiento:  debemos tener en cuenta la complementariedad de servicios según la organización de la red, incluyendo APS, y el rol del hospital en la misma. Asimismo, se deberá considerar el impacto de la telesalud. 

b. Flexibilidad: debemos considerar la capacidad de transformar el uso de espacios y el funcionamiento del hospital para aumentar la capacidad de atención de pacientes en salas de cuidados intensivos o de emergencia.  

c. Adaptabilidad: tenemos que diseñar de tal manera que el hospital permita adaptar su funcionamiento, pasando de una función a otra rápidamente de acuerdo con las necesidades. Por ejemplo, debemos instalar fácilmente salas de aislamiento de pacientes temporales o semipermanentes. 

d. Áreas libres próximas a hospitales: los hospitales deberán contar con espacios exteriores abiertos que permitan, en una situación de crisis, la implementación rápida de infraestructura prefabricada temporal o semipermanente.       

e. Servicios de apoyo expandibles: Los servicios de apoyo como cocinas, lavanderías, esterilización y farmacia requerirán de la misma flexibilidad y adaptabilidad, algo que muchas veces es difícil dentro de un hospital. Ante situaciones de crisis es posible pensar en que estos servicios sean suministrados por otros establecimientos en el marco de un funcionamiento en red, o por proveedores externos, de modo a que sean capaces de adaptarse más fácilmente al aumento en la demanda. 

PLANES DE RESPUESTA INTEGRAL Y LOS RECURSOS EXTRA-SECTORIALES

Por último, es importante destacar el rol que juegan los recursos extra-sectoriales ante situaciones como las vividas en 2020. Hoteles, centros de eventos, estadios y gimnasios, entre otros, sirvieron para dar respuesta de manera rápida a un fuerte incremento de la demanda no esperada.  

Estos espacios pueden ser una medida efectiva y fácil para la implementación de centros de atención de emergencia, observación, o aislamiento de pacientes. Por eso es recomendable tenerlos previamente identificados, para ponerlos rápidamente en funcionamiento, previendo los recursos humanos y materiales necesarios para su operación. 

La experiencia indica que no hay una receta específica y cada país deberá adaptar estos planes de acuerdo con sus capacidades instaladas y sus recursos. La consigna parece ser clara: es necesario pensar el diseño de un hospital como una pieza flexible y adaptable de un rompecabezas mayor, en donde la telesalud y las tecnologías de la información funcionen como el sistema nervioso que conecta todas las piezas, y facilita los procesos y coordinación con todos los actores que componen la red de servicios de salud.  

*Este artículo fue publicado originalmente en el blog Gente Saludable, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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