Caso Twitter: ¿El pájaro canta hasta morir?

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Por Martín Mois, socio de Aninat Abogados.

Un periodista me preguntó por la motivación de Elon Musk para comprar Twitter. Respondí que era porque él realmente creía en la libertad de expresión y esa era su motivación principal.

Pero desde que se cerró la operación por el controlador de Tesla y SpaceX, Elon Musk sigue transmitiendo el mismo mensaje, así que sería ingenuo creer que esa fue su motivación principal para comprar la empresa. Al fin y al cabo, Twitter es (o era) la red social preferida de la gente influyente y eso, para alguien con la personalidad de Musk, es irresistible. Como alternativas, TikTok estaba fuera de toda consideración por ser una empresa china, y LinkedIn sigue manteniendo su perfil de red para profesionales (y con muchos menos usuarios).

Si nos interiorizamos en la operación, y especialmente en la demanda que la propia Twitter presentó en contra de Musk para que cumpliera su obligación de compra al precio pactado, es claro que el voluntarismo de Musk primó sobre consideraciones más estratégicas de la utilidad y eficiencia que implicaba tomar el control de la empresa y su costo, llegando al extremo de que el empresario renunciara al habitual proceso de due diligence que se realiza, incluso respecto de empresas más pequeñas y no abiertas en bolsa, y ni siquiera condicionara la compra a la obtención del financiamiento que requería para pagar los US$44 mil millones ¿que le ofreció a los accionistas de Twitter (lo que le obligó no solo a tratar con inversionistas de cuestionable reputación, sino además a dar sus acciones en Tesla en garantía del pago de los préstamos obtenidos). Es más, pese al escenario incierto, aceptó acordar una multa de US$1.000 millones por su eventual incumplimiento.

Esta forma de actuar -temeraria para algunos; negligente para otros- ayuda a entender por qué los primeros días de Musk a cargo de Twitter han estado llenos de sobresaltos. El proceso de due diligence habría ayudado a su comprador a entender mejor los principales problemas que esta red social ha tenido en los últimos años. Uno en especial: no es fácil hacer moderación de contenidos a escala masiva, especialmente en una plataforma digital con presencia en más de 18 países y que debe además ajustar su operación a todas las leyes de los territorios en que está disponible.

En vez de ello, Musk prefirió lanzar acusaciones por el número de bots y cuentas falsas que Twitter le informa al mercado, lo que vio como una forma de salirse del acuerdo de compra a bajo costo, para luego, con el mismo ímpetu, renunciar a litigar el juicio y ejecutar la compra, pagando un precio por acción muy por encima del valor real de Twitter. Y ya con la compra cerrada, anunciar cambios en la red social que no fueron bien recibidos y que incluso ya han provocado un importante éxodo de usuarios y avisadores desde la plataforma, con la consiguiente pérdida de valor de la misma.

La misma libertad de expresión invocada por Musk desde un comienzo está ahora en entredicho, dado el posible desbloqueo de usuarios que en su momento transmitieron discursos de odio o derechamente falsos, además de la mala utilización que se está haciendo del sistema de verificación pagado propuesto e implementado por él. Un posible comité que evalúe los contenidos sería la solución propuesta por Musk, pero los usuarios e incluso las autoridades en el mundo desconfían de ello y, vale la pena recordarlo, esto no es nada nuevo.

El caso de Twitter es paradigmático para reafirmar la importancia del trabajo estratégico y legal previo a la compra de una empresa, especialmente cuando esta cotiza en bolsa y está sujeta a obligaciones de entrega de información más exigentes que las contempladas para otras entidades.

Es muy probable que un proceso de due diligence no habría cambiado la forma en que Musk asumió la dirección de Twitter, pero sí le habría dado más herramientas para enfocar el trabajo necesario para mantener el interés de avisadores y usuarios por continuar en dicha red social y de esa forma preservar su valor, haciendo las mejoras que la plataforma necesita para, en propias palabras de Musk, limpiarla de bots y cuentas falsas y así alcanzar su anhelo de convertirla en un espacio amplio de libertad de expresión, sin perjuicio de la deferencia que una empresa como esta debiera manifestar frente al cumplimiento normativo que le sea aplicable en cada lugar del planeta.

De hecho, apenas adquirió la empresa, Elon Musk posteó en la misma red social que «El pájaro ahora está liberado» y, pocas horas después, el Comisionado de Mercados de la Comisión Europea tuiteó «En Europa, el pájaro volará según nuestras reglas». Qué mejor resumen de lo que se nos viene.

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