Deberías saber qué tiene que ver la procrastinación con tus metas financieras

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Por José Manuel Rivera de La Maza, COO en getxerpa.

Hace unas semanas, llegó a mis manos (o a mi smartphone, mejor dicho) un TED Talk de Tim Urban (basado en una publicación del mismo) sobre la procrastinación. Aparte de sentirme relacionado con el tema, me hizo reflexionar y asociarlo con el ahorro e inversión, principalmente vinculado a nuestras metas y salud financiera. Pero antes de profundizar en el contenido, les daré un poco más de contexto de la charla y el artículo de Urban.

Tim Urban es fundador y escritor del reconocido sitio web Wait But Why (si aún no lo han leído, les recomiendo que lo hagan ya), donde ha publicado diversos contenidos que se hicieron extremadamente populares, como el post de «Elon Musk y Neuralink» y «Fermi Paradox». En este artículo, y posterior charla, Urban aborda el tema de la procrastinación de una manera única y didáctica.

Procrastinar puede llegar a ser una de las peores cosas para una persona que se «siente» productiva y/o quiere llegar a serlo. Cada vez que procrastinamos, estamos aplazando una responsabilidad o algo que teníamos planeado hacer en ese momento. Esto nos pasa constantemente en cuestiones de trabajo, como, por ejemplo, cuando escribimos una columna de opinión y sentimos repentinamente la urgente necesidad de distraernos y surfear en internet en busca de una silla de escritorio que mejore nuestra postura y aumente nuestra productividad (cosa que acaba de ocurrir) Pero no solo sucede en el ámbito laboral, nos pasa también con temas cotidianos, desde arreglar algún desperfecto en nuestra casa, comenzar una dieta o ahorrar para futuras metas y objetivos.

En este último punto me quiero enfocar: en nuestras metas financieras y cómo nos cuesta ahorrar para cumplir nuestros objetivos. Dan Ariely, uno de los padres de la economía del comportamiento (ciencia ganadora de dos premios Nobel) explica que somos seres irracionales a la hora de tomar decisiones que son beneficiosas para nuestro futuro, preferimos la satisfacción inmediata por sobre nuestro bienestar a largo plazo. El comportamiento o hábito de ahorrar funciona de la misma manera, es algo abstracto para nosotros, que nos dará frutos en el futuro, pero que hoy no logramos tangibilizar y, por lo tanto, lo postergamos irracionalmente. Por lo general, no nos da placer cada vez que ahorramos para nuestro futuro, no he escuchado a nadie decir «qué rico, este mes me pagaron mi sueldo y ahorré $x para mi fondo de pensión». En contraste, comprarnos unas zapatillas nuevas que no necesitamos o hacer la fila fuera de una tienda de Apple para comprar el iphone 14 sí nos genera placer inmediato.

COVID-19 puso en evidencia que la absoluta mayoría de la población no estaba preparada (y seguramente no lo sigue estando) para un evento de estas características, que para muchos se plasmó en una reducción de ingresos mientras los precios de los bienes iban en alza. En el mismo intervalo de tiempo, ¡Apple siguió teniendo récords en ventas! En Estados Unidos, a fines del año 2021, había más de 211 millones de iPhones activos (más de un 63% de la población de ese país).

Claramente, el acto de procrastinar se da más en tareas o iniciativas que no nos generan placer inmediato. De acuerdo a lo que Tim Urban nos ilustra en su publicación, procrastinar no es algo voluntario. Es como si en nuestro cerebro existiera un «ser racional y tomador de decisiones» que nos está constantemente recordando: «Tenemos que ahorrar e invertir para nuestro retiro»; «tenemos que ahorrar e invertir para una propiedad»; «tenemos…», etc. Por lo tanto, lo escuchamos y dejamos que planifique los pasos a seguir para lograr nuestros objetivos financieros: «Voy a ahorrar un porcentaje de mi sueldo todos los meses»; «voy a gastar menos en restaurantes y cocinaré más en la casa».

Hasta ahora, todo perfecto, ¿no? Pero cuando creemos que el plan está listo y es momento de ejecutarlo aparece el «mono de la satisfacción inmediata», otro personaje de nuestro cerebro cuyo único fin es cambiar y eliminar todo lo que nuestro «ser racional y tomador de decisiones” había planeado. Por lo que el «ahorrar parte de mi sueldo» se convierte en viajes fuera de la ciudad durante algunos fines de semana, salidas con amigos y otros gastos que se podían haber evitado, pero que el «mono de satisfacción inmediata» no lo permitió.

Imagen del articulo “Why Procrastinators Procrastinate” de Tim Urban.

Según Urban, en nuestro cerebro, estos dos personajes están en constante lucha, lo cual ocasiona aplazar el inicio de las tareas necesarias para lograr nuestros objetivos. En el caso de una entrega, el impacto negativo es que tenemos que repartir la carga de trabajo que esperábamos dedicar a esa tarea en menos días de lo planeado inicialmente, lo cual termina desgastándonos y, muchas veces, afectando la calidad del resultado de nuestro trabajo. Para el caso de nuestros objetivos financieros, generalmente, nos damos cuenta demasiado tarde y, a veces, no podemos destinar mayores recursos para llegar a ellos.

Tristemente, la mayoría del tiempo, la única opción viable es cambiarlos.

Para ambas situaciones, Urban introduce un nuevo personaje al relato, el cual entra en acción cada vez que estamos cerca de la fecha límite (deadline) de nuestro objetivo. Se trata del «monstruo del pánico» y su función es asustar al «mono de la satisfacción inmediata» para que el «ser racional y tomador de decisiones» pueda continuar con su plan.

Imagen del articulo “Why Procrastinators Procrastinate” de Tim Urban.

En su publicación, Urban personifica al pánico como un gatillo (trigger) que busca encauzar nuevamente nuestras acciones para así lograr nuestros objetivos. Sin este «monstruo del pánico” es casi imposible vencer la procrastinación. Como habíamos visto anteriormente, es más fácil contar con el estímulo del pánico cuando queda poco tiempo para hacer entrega de un trabajo, pero cuando se trata de cumplir un objetivo financiero, entramos en pánico cuando ya es muy tarde.

Quiero resaltar la importancia de lograr nuestros objetivos financieros, por eso me centro en este tema y rescato la mención del gatillo (trigger) de pánico que nos hace volver a enfocarnos en nuestras metas y objetivos. La falta de educación financiera es un problema a nivel mundial que es transversal al nivel de educación, por lo general, esta se imparte en casa, donde los padres fomentan en sus hijos el sentido de urgencia e importancia del ahorro e inversión. Sin embargo, en nuestras vidas cotidianas nos hacen falta más triggers que nos generen la prisa de enfocarnos en nuestras metas financieras.

“Hoy se que debí empezar a invertir cuando tenía 22” es el título de una publicidad de Fintual (fintech chilena especializada en inversiones) que está pegada con un autoadhesivo en el asiento (al menos donde yo he estado) de los vuelos locales de Aeroméxico. Creo que lo más destacable de este anuncio es el sentido de urgencia que produce (y pánico). “No tengo 22 y no empecé a invertir, ¿qué hago?”. Definitivamente un muy buen trigger para empujar a varias personas a pensar en el ahorro e inversión.

Pero, lamentablemente, un trigger (gatillo) no es suficiente, según Nir Eyal, autor del best seller Hooked. Para poder crear hábitos debemos pasar por tres etapas, posteriores al trigger, action (acción), variable reward (recompensa variable) e investment (inversión).

Hoy, con la tecnología, podemos impulsar estas 4 etapas y ayudar a millones de personas a crear mejores hábitos financieros. A continuación les comparto un ejemplo de cómo podemos impulsar el ahorro e inversión aplicando la metodología de Eyal:

  • Gatillo: acá es donde debemos alertar de la urgencia del ahorro, como en la publicidad de Fintual, imagínate que tu banco te envíe notificaciones, generando este pánico para impulsar un buen hábito que mejore tu salud financiera: «José, estos últimos meses no has ahorrado ni invertido, si empiezas a ahorrar hoy $x mensuales podrías en 12 meses tener un fondo de ahorro para emergencias Haz click aquí y comienza a ahorrar».
  • Acción: es el resultado que busca generar el trigger, en este caso, que comencemos a ahorrar. Ahora, debemos diseñar que la ejecución de esta acción sea fácil y sin fricciones para evitar la tentación del «mono de la satisfacción inmediata». El banco, con su notificación, ya nos convenció de ahorrar y ¿ahora qué?, ¿tengo que firmar papeles, seguir un flujo largo y tedioso? No, con un par de clics, la aplicación del banco me ayuda a definir una meta (para qué), monto (cuánto necesito) y fecha límite (cuándo lo necesito). Adicionalmente, crear reglas para lograr mi objetivo: ahorrar un porcentaje de mi sueldo, redondeo de mis compras cada vez que uso mis tarjetas de débito o crédito, ahorrar cada vez que mi equipo de fútbol mete un gol, etc. Finalmente, esta acción no solo debe ser fácil, debe generar un sentido de satisfacción: «Felicitaciones, José, estás más cerca de cumplir tus metas :)».
  • Recompensa variable: estudios dicen que la dopamina en tu cerebro aumenta cuando estás esperando recompensas. Si queremos hacer que las personas ahorren más y mejoren su salud financiera, el banco debe crear un sistema de recompensas para generar expectativas y compromisos con la acción. Este sistema no se trata de dinero, piensa en las redes sociales y cómo Instagram lo hace con solo likes. Para el caso de la aplicación del banco, la recompensa puede ser en forma de mensajes de felicitación por ahorrar cada mes y acercarte más a la meta, pueden ser gráficos o resúmenes mensuales que te muestren tu progreso (tipo Spotify o Duolingo a finales de cada año).
  • Inversión: esta es la etapa donde tenemos que dar algo a cambio y lo sabemos. Se trata de dedicar tiempo al proceso y flujo de ahorrar. Crear metas y reglas para que el ahorro sea automático, fragmentándolo en montos semanales en vez de mensuales o en redondeos cada vez que usas tu tarjeta, genera que la percepción de «inversión» de dinero que le entregas a tu «futuro yo» sea menor, rápida y sin darte cuenta.

La buena noticia es que la procrastinación se puede vencer por lo que lograr nuestras metas financieras es posible, tal como lo hacemos con otro tipo de actividades. Un ejemplo fue el uso de tecnología que usamos para el ahorro, pero la tecnología es prescindible y podemos vencer la procrastinación con disciplina a la hora de crear, anticipadamente, el sentido de urgencia (o de pánico), generar entornos adecuados para realizar las acciones deseadas con la menor fricción posible (como una silla más cómoda para ser más productivo y terminar esta publicación) y tener un mecanismo de recompensas claro y visible, que nos acompañe en el journey de nuestras metas y objetivos.

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