Conoce los beneficios de la teleasistencia para el cuidado a distancia  

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Por Fiorella Benedetti, Consultora de la División de Protección Social y Salud del BID.

En América Latina y el Caribe hay ocho millones de personas de 65 años o más que necesitan apoyo para llevar a cabo al menos una actividad básica de la vida diaria. Representan el 14% de la población mayor de 65 años y se prevé que esta prevalencia aumente al 16% para el 2050. ¿Puede la teleasistencia ser una tecnología aliada para ayudar en la atención a quienes lo requieren? 

Dado que el número de personas que necesitan apoyo aumenta, al mismo tiempo que la oferta de cuidados familiares se contrae, es fundamental explorar nuevos y eficientes servicios de cuidado, más allá de los tradicionales como las residencias. Y es especialmente importante que estos servicios de cuidado permitan a las personas permanecer en sus hogares, dado que esa es la preferencia de la mayoría. En este contexto, la teleasistencia, un servicio de cuidado a distancia a través de la tecnología, puede ser parte de la solución.  

QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA LA TELEASIETENCIA

En una publicación reciente del BID analizamos las características de este servicio, su desarrollo a nivel mundial y cómo hacer para implementarlo. Allí abordamos de la gran ventaja de la teleasistencia como servicio remoto que brinda atención y respuesta inmediata a personas en situación de dependencia y personas mayores, las 24 horas al día, los 365 días del año. Esta se basa en la comunicación inmediata del usuario desde cualquier lugar del domicilio con teleoperadores solo con presionar un botón.  

Este servicio permite al usuario simplemente conversar cuando se siente solo, o solicitar ayuda si tiene una emergencia. Según la necesidad, la teleasistencia puede movilizar a un familiar o vecino, una ambulancia, bomberos, policía, etc.  

La teleasistencia ha evolucionado en los últimos años, de atender a usuarios que precisan ayuda inmediata a ser una herramienta activa donde se puede personalizar el servicio, en función de las circunstancias de la persona. Con la teleasistencia personalizada, por ejemplo, si la persona mayor ha tenido una operación reciente se la llama más frecuentemente para saber cómo está. Si el usuario tiene déficits neurológicos, las llamadas se adaptan para fomentar el desarrollo de ciertas habilidades.   

Gracias a nuevos desarrollos tecnológicos, la teleasistencia avanzada utiliza sensores que acumulan información sobre los procesos rutinarios de las personas y levanta alertas a partir de cambios en esas rutinas que puedan resultar sospechosos. Si un usuario no se ha sentado en el sillón o no ha abierto la heladera -según su rutina de todas las mañanas- puede disparar una alarma.  

Estas innovaciones continuarán, ya que el desarrollo de la robótica amplía el espectro de desarrollo de la teleasistencia. Ya existen robots que proveen recordatorios de medicación, entablan conversaciones y hasta asisten en la caminata a individuos con movilidad reducida.  

4 BENEFICIOS PARA LOS USUARIOS DE LA TELEASISTENCIA

Veamos más de cerca los cuatro beneficios principales de la teleasistencia:  

  1. Beneficios para sus usuarios. La teleasistencia está asociada a mejoras en la autopercepción del estado de salud y la calidad de vida de los usuarios, quienes reportan sentirse más seguros y autónomos y se adhieren mejor a las recomendaciones médicas. También se ha demostrado que este servicio retrasa hasta casi nueve meses el ingreso de las personas mayores a residencias. Este aspecto es muy importante dado que, como ya comentamos, las personas mayores tienen una preferencia en envejecer en su propio hogar.  
  2. Beneficios para las familias o personas cuidadoras. Si por un lado las familias sienten mayor tranquilidad, por el otro las personas cuidadoras experimentan una disminución en su carga de trabajo -por la responsabilidad de cuidar- y en su nivel de estrés, pues se expande su red de apoyo.  
  3. Beneficios para el sistema sociosanitario. Con la utilización de la teleasistencia se reduce la demanda de servicios de urgencias, de ambulancias y también de servicios estatales. Además, descienden los casos que requieren hospitalización y el tiempo de estas hospitalizaciones. En este sentido, el servicio implica ahorros para el sistema sociosanitario.  
  4. Beneficios económicos. Nosotros estimamos que un servicio de teleasistencia en América Latina y el Caribe cuesta 25 dólares por mes. Incluso el precio en contrataciones públicas a escala puede ser de 14 dólares, como en el caso de España. En cambio, otros servicios de cuidado más intensivos en recursos humanos, como los servicios de apoyo a domicilio y las residencias, cuestan un promedio 673 y 804 dólares respectivamente. Sin embargo, es importante destacar que el precio de provisión de este servicio puede variar entre países, dependiendo de la contribución del sector público en su financiamiento y del tipo de tecnología utilizada. Además, los gobiernos pueden optar por una participación de los usuarios en el costo, a través de un copago, como hace el gobierno de Uruguay.  

CRECIMIENTO DE LA TELEASISTENCIA

Como consecuencia de estos beneficios, los servicios de teleasistencia han crecido significativamente a nivel global en los últimos años. En Europa, la tasa de penetración de la teleasistencia entre las personas mayores de 65 años varía entre el 3 y el 11%. En España, por ejemplo, ya hay casi un millón de usuarios. En América Latina, los gobiernos de Uruguay y Chile se destacan por brindar servicios de teleasistencia, mientras que en otros países como México, Colombia, Argentina y Perú se han desarrollado pilotos incipientes. Costa Rica está próxima a poner en marcha un piloto de teleasistencia. 

Los múltiples beneficios que este servicio puede brindar aún pueden llegar a más personas en diferentes latitudes de nuestra región para cubrir las necesidades de cuidado existentes entre los adultos mayores. En este sentido, los avances tecnológicos permiten la provisión del servicio no únicamente a nivel local, sino entre regiones culturalmente similares, generando la oportunidad de una oferta a escala y más asequible.   

*Este artículo fue publicado originalmente en el blog Gente Saludable del Banco Intermericano de Desarrollo (BID), y contó con la participación de Beatrice Fabiani, quien trabaja en la División de Protección Social y Salud del BID como Associate Professional Officer.

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