Walter Mata, CEO de Was Co.: «Grandes inversionistas están empezando a fijarse en las startups de impacto social y ambiental»

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Walter Mata, CEO de Was Co
Walter Mata, CEO de Was Co

Una precoz conciencia social y ambiental llevaron a Mata a fundar la contech/cleantech Was Co. La compañía genera e integra soluciones tecnológicas enfocadas en la industria de la construcción, uno de los grandes causantes de la contaminación en las ciudades.  

Walter Mata, a sus 25 años, cree que puede revolucionar la industria del concreto y del cemento con un producto que ya está en desarrollo.

Esta idea, un cemento que no utiliza materia prima virgen, y que ha recibido el apoyo de una empresa líder del sector, es tan solo una de las muchas que se trabajan en las seis unidades de negocio cleantech y contech de alto impacto de Was Co. (Worldwide Accountability Solutions).

La compañía, fundada en 2018, poco antes de que Mata se graduara de la Universidad de Monterrey, sigue acumulando premios a través de los años. Entre ellos, la convocatoria de Unicef Lab y la aceleradora ISDI en 2020, dirigida a empresas de impacto social, un impulso definitivo para la consolidación de Was Co.

El origen de su interés en los temas sociales y ambientales se puede encontrar en su árbol genealógico, es hijo de un empresario restaurantero exitoso, y parte de una familia católica muy devota, pero también en una experiencia en particular, casi mística.

Como es tradicional en las escuelas católicas en México, Mata asistía varias veces al año a voluntariados, misiones como se les llama en ese país. La visita al penal de las Isla Marías, un sitio con una naturaleza exuberante, y las conversaciones que tendría allá con algunos de los presos, terminarían de formar su conciencia.

“Me di cuenta que todos tenemos el derecho a tener una bonita vida y a ser felices a pesar de lo que hayamos hecho. A partir de esa conciencia y de lo que aprendí gracias a mi papá, supe que quería hacer negocios, pero también quería ayudar a los demás. Me volví un ser consciente del emprendimiento social, y después conocí la carrera de Creación de Negocios e Innovación Empresarial, en donde la idea es que el estudiante se gradué con un negocio con ventas y ojalá, siendo rentable. Eso fue definitivo”, explica Mata.

Conversamos con Walter Mata desde Monterrey sobre sus motivaciones para crear este tipo productos, cuya alta demanda no alcanza a satisfacer, y los obstáculos que ha tenido que sortear Was Co como startup de impacto social y ambiental.

LA MOTIVACIÓN AMBIENTAL

Encuentras desde muy temprano qué es lo que quieres hacer.

Así es. Desde el primer día en la universidad. La primera clase se llamaba creación e innovación. Para el proyecto semestral el profesor dijo que teníamos que hacer algo que tuviera impacto ambiental. Yo ya tenía algo de ese conocimiento y sabía algo de plásticos y reciclaje porque me gustaba el tema. Entonces propuse que los estudiantes pudieran pagar el estacionamiento con botellas de plástico. El proyecto le gustó mucho a la Universidad de Monterrey, nos seleccionaron y lo quisimos implementar, pero quedó en pausa.

Sin embargo, la investigación me metió más en el tema de polímeros y empecé a ver lo que se hacía en México y en el primer mundo. De esa manera encontré en un centro de investigaciones a un científico japonés que había creado una máquina que podía convertir el plástico en combustible, en gasolina.

Le hablé, me contestó y me dijo que si podía asegurarle una cantidad mensual de este tipo de plásticos me hacía el primer distribuidor de la maquinaria en México. Estuve trabajando seis meses en eso, hicimos todo el plan de negocios, validación y empezamos a ver cómo traíamos las máquinas.

Con ese proyecto ganas uno de los primeros premios, tengo entendido.

Nos invitaron a participar en un concurso que en su momento se llamaba CleanTech Challenge México en 2018. Nos seleccionan entre las mejores 300 empresas verdes de México, donde también participaban empresas ya formales, grandes y rentables.

Cuando fuimos a concursar nos entrevistó Televisa Monterrey, nos agarraron a nosotros porque éramos los más jóvenes en quedar seleccionados. Sale la nota y fue un boom. Nos empezó a buscar mucha gente y todo iba bien hasta que llegó la reforma energética del anterior gobierno. Eso empezó a limitar mucho los biocombustibles. Después de oír las recomendaciones de grandes empresarios que se dedicaban a esto, decidimos dejarlo en pausa. Nos tocó aceptar que no era el momento.

¿Cómo le diste la vuelta a esa experiencia?

Es por esos días que empezamos a tener un gran problema en Monterrey de contaminación ambiental, la ciudad número uno de México con este problema.

Entonces volví a la investigación tratando de evitar los sesgos de los medios porque ahí le echaban la culpa totalmente al transporte público y yo decía, “es válido, pero por qué otras ciudades que tienen más transporte público no están sufriendo lo que nosotros estamos sufriendo”.

Yo ya conocía la industria del concreto porque vivía en un municipio que era casi 100% industrial de concreto y tenían sus mineras en los cerros, nosotros les llamamos pedreras. Y me pregunté porque no se menciona esta industria si son mineras expuestas, que cuando explotan el recurso natural todo el polvo y partículas se van al cielo.

Me empecé a guiar por artículos científicos para calcular el impacto negativo de diferentes variables. Y llegué a la conclusión de que esta industria es de las que más contaminan mi ciudad. Y no nada más mi ciudad, sino a todo el mundo porque el concreto es el segundo material más utilizado después del agua. Encontramos que por cada tonelada de concreto que se produce, se emiten alrededor de 770 kilogramos de CO2. Y empecé a hacer cuentas de los edificios más “famosos” y quedé sorprendido.

Encontramos que para absorber todo el CO2 que produjo hacer uno de estos edificios tendríamos que haber plantado 22 millones de árboles, 14 veces la ciudad de Madrid.

Ahí hice el match con mi conocimiento en plásticos. Me pregunté cómo podemos crear materiales a base de plástico que sustituyan al material convencional. Empecé a idear productos más sencillos como el block. Y luego un sustituto de la madera que sustituye las cimbras, polines, barrotes, tablones.

Una investigación más apta para un ingeniero, parece.

Yo no tenía ninguna ingeniería, pero le entré a la investigación: hice prototipos caseros, y entendí que necesitaba ayuda de expertos.

Empecé a tocar puertas con diferentes científicos o centros de investigación aquí en México para ver a quien le interesaba ayudarme, y en el tercer centro fueron más accesibles. Los primeros me querían cobrar como US$ 25.000, que yo siendo estudiante no podía pagar. En el Centro de Investigación en Química Aplicada (CIQA) los científicos Jesús Olivo y Edgar Cabrera me dieron la opción de convertirme su tesista para vincularme con el centro.

Mi tesis entonces fue para dos instituciones. Para mi universidad, era toda la validación de negocios y financiera del proyecto, y para el CIQA, el desarrollo del material.

EL NACIMIENTO DE WAS CO.

¿Ese es el origen formal de Was Co.?

Sí. Empezamos a producir ciertos productos con mi equipo para validar nuestras propias formulas y luego probar el mercado. Seguimos trabajando con el CIQA que nos ayudan en polímeros a desarrollar otros materiales más avanzados. Todavía tenemos una producción muy limitada en relación con las intenciones de compra.

Limitada, sin embargo, Was Co. ya tiene seis unidades de negocio.

Sí. Sacamos algunas marcas con productos muy sencillos, como muebles con material reciclado. Otras ya utilizan nuestro concreto ecológico para hacer macetas, también muebles y productos decorativos.

Otras se dedican a la construcción o hasta la recolección en reciclaje de plásticos. Cada marca, tiene su propio equipo. Mi proceso de creación de diferentes marcas, fue poner un líder o una cabeza en cada marca. La intención es que cada unidad se independice y que Was Co. tenga participación como creadora fundadora.

¿Tienes patentes?

Tenemos una y hay otras tres posibles que vamos registrar el próximo año. Estamos haciendo toda la investigación previa.

…Estamos desarrollando un nuevo cemento que puede revolucionar la industria del cemento y el concreto, porque no utilizaríamos materia prima virgen para hacerlo, no vamos a explotar los cerros ni nada, ni minería, si no que estamos transformando un residuo. Sería un poco más ligero y más económico, pero con las mismas propiedades y es posible que licenciemos la patente o que si la empresa invierte le vendemos el cemento.

Walter Mata, CEO de Was Co.

¿Hay mucha competencia?

Empresas muy grandes, de las más grandes del mundo, pero precisamente nos aliamos con una de esas empresas que todavía no podemos decir su nombre en el proyecto más importante que traemos. En diciembre tenemos que tener el desarrollo listo.

Con ellos estamos desarrollando un nuevo cemento que puede revolucionar la industria del cemento y el concreto, porque no utilizaríamos materia prima virgen para hacerlo, no vamos a explotar los cerros ni nada, ni minería, si no que estamos transformando un residuo. Sería un poco más ligero y más económico, pero con las mismas propiedades y es posible que licenciemos la patente o que si la empresa invierte le vendemos el cemento. Ya veremos.

Pero ya hay cementos y concretos que dicen ser ecológicos. ¿No es lo mismo?

Existen, pero es por el proceso de producción, no por el material. Muchos utilizan residuos para generar calor o energía limpia, etcétera. Entonces dicen que reducen las emisiones, pero realmente el mayor impacto negativo al medio ambiente que genera ese producto es por el recurso natural, porque lo explotas, no lo controlas, se va al aire, se lo respira toda la gente. Antes de la pandemia en Monterrey el segundo factor de muertes era la contaminación, imagínate…

¿Qué otros proyectos prioritarios tiene Wasco?

Traemos otro de vivienda de interés social, un proyecto de un estadio donde nosotros vamos a suministrar material para construir la fachada. Tenemos ya muy desarrollada los páneles de la cimbra plástica. Hay de todo.

¿Hay alguna regulación que beneficie la comercialización de este tipo de productos de impacto ambiental como los que hacen ustedes?

No existen, nosotros nos tenemos que acoplar a las regulaciones convencionales. Lo que haría falta es que siga creciendo la adopción de estos nuevos materiales, que se hagan una necesidad en el mercado para las familias e industria.

UNA STARTUP DIFERENTE

¿El modelo de negocios es el mismo de una startup convencional?

Sí, esos somos. Estamos en levantamiento de la ronda semilla. Estamos levantando US$ 4 millones para poner una planta con mucha mayor capacidad.

¿Cómo va ese proceso?

Va muy bien, pero aún no lo cerramos. Va a ser un proceso más lento que lo que se llevan las startups convencionales. La mayoría de los VCs invierten en proyectos de digitalización, y aunque la tecnología sea lo central, en nuestro modelo de negocios, nosotros somos más de infraestructura, de producción. Creemos que en dos meses la tendremos cerrada.

¿Por qué más lento?

Nosotros haríamos un 10x en producción y en ventas y tendríamos cerradas las ventas porque tenemos una capacidad limitada de producción; ya tenemos carta y contrato de intención de compras de los clientes actuales a los que les vendemos. Solo con ellos tendríamos un retorno de la inversión en menos de dos años.

Eso les decimos a los fondos, pero como no es normal o usual en este tipo de proyectos, hay muchos VCs que simplemente nos dicen que no, así tengamos aseguradas las ventas, nos dicen que no entramos en su tesis.

Hay fondos de impacto. Que son como VCs, pero de deuda, de financiamiento de impacto. Vamos a tener que combinarlo para fondear. Una parte será por deuda y lo demás por equity o nota convertible.

¿Y cuándo encontrarían el punto de equilibrio después de eso?

Lo encontraríamos al año. Y no ocuparíamos otra ronda porque con nuestro propio flujo se reinvertirá para el crecimiento que buscamos año a año. Pero también eso puede ser un detalle para los VCs porque muchos de ellos lo que quieren es que uno siga levantando inversión.

¿Cómo se han financiado hasta ahora?

Al principio gracias a las aceleradoras que daban los montos de capital perdido o deuda. Estamos en números entre negros y verdes, pero levantanda esta inversión estaríamos del otro lado.

¿Entonces es más difícil levantar dinero para un emprendimiento de impacto social o ambiental?

Eso está cambiando. Grandes inversionistas están empezando a fijarse en las startups de impacto social y ambiental. Es el caso de Blackrock que decidió dejar de invertir en ese tipo de startups “convencionales” e invertir en startups de descarbonización del planeta y de impacto ambiental. Los demás lo seguirán.

¿Entre sus unidades de negocio no tienen un emprendimiento digital?

Solo tenemos una marca de tecnología digital que se llama Mobius y que está creciendo y se dedica al suministro de materia prima del plástico reciclado. Creamos una plataforma donde vamos a digitalizar y centralizar todo la compra y venta de estos materiales con todos los proveedores que existen, empezando con México y nosotros vendiéndole a las industrias grandes.

¿Que les dejó esa experiencia cuando ganaron la convocatoria de Unicef Lab e ISDI Accelerator?

Yo creo que ha sido de las mejores experiencias y aceleradoras en las que hemos entrado. La UNICEF nos ayudó mucho en la parte de impacto social. A saber cómo medir y cómo trabajar en relación al beneficio social. También con la aportación de capital sin equity, sino a fondo perdido. Estamos siempre agradecidos.

De parte de ISDI desde sus mentores nos ayudaron mucho y nos ponían gente muy capaz. Gente como Diego Ballesteros, cofundador de Sindelantal, gente de ese nivel nos abrió mucho la mente porque en México estábamos muy verdes en cuestión de levantamiento y de valuación de la empresa comparados a Estados Unidos y Europa. Hemos avanzado, pero seguimos verdes.

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Cofundador de Tekios, es ingeniero industrial y periodista. Tras una larga experiencia en México y en Colombia en los sectores financiero, manufacturero e inmobiliario, hace más de una década publica en diferentes medios de América Latina: Milenio, El Universal, Expansión, Chilango, Animal Político (México); CNN y Esquire (Latam); Clarín (Argentina); Semana, Cromos (Colombia). Fue corresponsal de AméricaEconomía en México. Su continua búsqueda de historias originales y trascendentes dentro del periodismo de economía y negocios, lo llevaron al encuentro con las tecnologías disruptivas y su gran poder transformador para la región.

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