¿Qué puede hacer Elon Musk con Twitter?

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Por Will Duffield, analista de políticas públicas en el Centro para el Gobierno Representativo del Instituto Cato.

A pesar de mucha bulla y furia de las clases comentaristas, Elon Musk ha firmado un acuerdo para comprar Twitter por US$46.500 millones. Musk desde hace mucho se ha quejado de que Twitter es moderada de manera demasiado estricta. Como el nuevo propietario de la plataforma, Musk tiene derecho de manejarla como desee. Sin embargo, para seguir siendo el propietario de Twitter, Musk tendrá que mantener a Twitter lo suficientemente rentable para pagar a sus acreedores. El deseo de Musk de liberalizar las normas de Twitter puede que esté en conflicto con este requisito de mantener a los anunciantes contentos y los ingresos aumentando. Para «liberar» la expresión mientras que se mantiene la rentabilidad de Twitter, Musk tendrá que acelerar los esfuerzos para descentralizar la plataforma, buscar otras fuentes de ingreso, o encontrar una manera de separar las demandas políticas de las preocupaciones en torno la experiencia del usuario

Musk ha utilizado a Twitter para fastidiar a sus críticos y deleitar a sus fans desde 2010. Parece disfrutar de la atmósfera ruidosa y espontánea de la plataforma. Sin embargo, las características que han hecho de Twitter, en las palabras de Musk, «la plaza pública de facto» también han dificultado que la plataforma mantenga el crecimiento de usuarios o pueda obtener ganancias consistentes. No todos quieren ser el hombre en el escenario. La apertura característica de Twitter dificulta para los anunciantes y las celebridades evitar la crítica y el abuso. 

En un esfuerzo de complacer a los anunciantes, atraer usuarios y prevenir la regulación, Twitter poco a poco ha aumentado tanto la envergadura de sus normas como los recursos dedicados a aplicarlas. Aunque estos cambios se pretendía que mejoraran la «experiencia del usuario» al publicar más contenido relevante y esconder o remover expresiones ofensivas, Musk piensa que estos han empeorado la plataforma. Él ha criticado el opaco ranking algorítmico de Twitter y su falta de compromiso con la libertad de expresión. Si Musk hubiese comprado Twitter totalmente en efectivo, podría poner en reversa estos cambios, sin importar las consecuencias (aunque todavía tendría razones financieras fuertes para no conducir la empresa hacia un colapso). 

Sin embargo, Musk ha prestado US$25.500 de los US$46.500 millones que necesita para comprar Twitter. La mitad del préstamo tiene como colateral a Twitter, pero la otra mitad tiene como colateral acciones de Tesla. El servicio de la deuda de Twitter costará casi US$1.000 millones al año, cerca de dos tercios de las ganancias actuales de Twitter, y el préstamo de Musk respaldado por Tesla le costará una cantidad similar. Por lo tanto, el Twitter de Elon Musk tendrá incentivos fuertes para mantener o aumentar las ganancias tanto para pagar su propias deudas como para lograr dividendos para Musk. En el pasado esto ha significado mantener a los anunciantes y a los usuarios destacados felices. 

Musk tendrá que caminar por una cuerda floja entre mantener su compromiso con liberalizar la moderación en Twitter y mantener el ingreso proveniente de los anuncios, o buscar otras fuentes de ingresos. Al final de cuentas, Twitter probablemente seguirá alguna combinación de estas dos estrategias. Puede que relaje un poco sus políticas mientras que reemplace algo del ingreso de los anuncios con suscripciones. Twitter podría atraer más usuarios a su aplicación pagada Twitter Blue, o cobrarle los usuarios o empresas asiduos por el acceso a la plataforma. Dada la historia de poca rentabilidad de la plataforma, está lejos de estar claro que los anuncios sean la mejor forma de monetizar Twitter. 

Esto no significa que Musk no pueda hacer cambios, pero se verá limitado por la necesidad de mantener la rentabilidad. Algunos cambios de alto perfil -como restaurar a Donald Trump– puede que satisfagan ambos objetivos al mismo tiempo. Sin embargo, las políticas politizadas muchas veces están mezcladas con las preocupaciones en torno a la experiencia del usuario. Una respuesta es una reacción, mil respuestas críticas es un diluvio de acoso. Pero, limitar esas respuestas implica limitar la expresión de alguien. La política de ‘deadnaming’ (llamar a una persona transgénero o no-binaria por un nombre anterior a su transición) de Twitter provee otro ejemplo bueno. ¿Acaso está Twitter aplicando normas progresistas de género, o haciendo que su plataforma sea un lugar agradable para las personas trans y los anunciantes amigables para con los trans?

Twitter tendrá que obedecer la ley sin importar quién sea dueño de la plataforma. En EE.UU., donde la libertad de Twitter para moderar contenidos como lo desee está protegida por la Primera Enmienda y la Sección 230, esto no constituye un problema para los planes de Musk. En Europa, sin embargo, Musk puede que vea sus planes liberales para Twitter limitados por la emergente Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea y la Ley de Seguridad en Internet de Gran Bretaña, ambas siendo leyes que contienen nuevas obligaciones de filtrar contenido dañino. 

Algunos de los objetivos de Musk están en conflicto entre sí -mantenerse un paso por delante de los robots generadores de spam (‘spambots‘), desde hace mucho, ha justificado mantener los algoritmos privados. Una de las soluciones que él ha sugerido -«validar a los humanos verdaderos»-, podría poner en riesgo la expresión anónima, una parte importante del discurso igualitario de Twitter. Hay algunos puntos medios felices aquí -expandir pero no requerir la verificación podría, en el margen, facilitar la identificación de los generadores de spam, y controlar el conflicto exclusivo entre los «vistos buenos azules» y las masas no lavadas. Musk no será capaz de evitar los sacrificios implicados en la moderación de contenidos, pero puede hacerlos de maneras distintas. 

Reiniciar las expectativas correctas en torno a la moderación en Twitter será difícil. Algunos en la derecha sin duda presionarán los límites para obtener su libertad deseada, mientras que algunos en la izquierda intentarán boicotear Twitter o sus anunciantes como una reacción al relajamiento de las políticas. Musk será tanto culpado como alabado por las decisiones de moderación que no tienen que ver con su propiedad. La compra de Musk puede que cambie la “vibra” de la plataforma, sin importar sus acciones. 

Si Elon Musk desea liberalizar las normas de Twitter aplicadas a toda la plataforma o tomar menos decisiones acerca de asuntos politizados como la desinformación o el discurso de odio sin perder usuarios o anunciantes, tendrá que darles a los usuarios más control sobre sus propias experiencias. Tomará tiempo construir las herramientas para permitir que los usuarios controlen sus propios feeds y puedan seleccionar mejor sus listas de bloqueo, o para permitir que terceras partes construyan dichas herrameintas. Mientras tanto, Twitter tendrá que moderar las expectativas o soportar unas críticas intensas. No obstante, como una empresa de propiedad privada, Twitter tendrá más espacio para experimentar que el que ha tenido en el pasado -Twitter no tendrá que preocuparse acerca de cómo sus ganancias trimestrales afectarán el precio de su acción. En el corto plazo, Musk debe estar dispuesto a quemar dinero para soportar la tormenta. 

Después de cierto punto, se volverá difícil darle a los usuarios más control sin dividir la plataforma. Puede que sea simplemente imposible tener una grandiosa discusión global bulliciosa que sea atractiva para los anunciantes. Reconociendo que es difícil satisfacer a todos, Musk puede que acelere los esfuerzos para descentralizar Twitter. BlueSky, un esfuerzo respaldado por Twitter para crear un estándar descentralizado para las redes sociales, es independiente de Twitter y no es afectado por el acuerdo, pero bajo Musk Twitter mismo podría moverse en una dirección similar. En este escenario Twitter podría mantener control de su red subyacente, validando a los usuarios y vigilando la conducta ilegal mientras que deja la presentación de tweets a las aplicaciones de terceras partes con algoritmos alternativos de filtración y presentación. Twitter podría mantener un cliente amigable con los anunciantes, vender el acceso a la red a clientes de terceras partes, o monetizar el contenido crudo de Twitter de otras maneras.

Al final del día, estas decisiones las tendrá que tomar Elon Musk. Musk quiere que Twitter sea más como sí misma, o más como solía ser. A pesar de las ansiedades acerca de la capacidad de la democracia de admitir información sin filtrar y una comunicación libre a gran escala, la oficina global de información que Musk se imagina es valiosa. La democracia necesita que la retroalimentación funcione bien, y aún cuando Twitter se ha convertido en un lugar para que las elites y las instituciones élite sacrifiquen su credibilidad, Twitter revela la desconfianza y la falta de entendimiento más de lo que las crea. Sin embargo, todavía está por verse si cualquiera, incluso Elon Musk, puede conducir dicha oficina de información de manera rentable.

*Esta columna fue publicada con anterioridad en ElCato.org.

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