Lo que los multimillonarios espaciales nos pueden enseñar acerca del cambio climático

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Por Jordan McGillis, subdirector del Policy Institute at the Institute for Energy Research.

Cuando SpaceX de Elon Musk lanzó un grupo de civiles hacia la órbita el 14 de septiembre, se registró la tercera instancia en cuatro meses en que los multimillonarios enviaron a las personas al espacio en gran medida con su propio capital. Dada la duración (casi tres días) y la altitud (superior a aquella de la Estación Espacial Internacional), el reciente emprendimiento de SpaceX está al borde de acarrearse el estatus de «un salto gigantesco». Aún así y al igual que cuando Virgin Galactic de Richard Branson y Blue Origin de Jeff Bezos cargaron a sus visionarios hasta la Línea Kármán, el viaje alrededor del globo de SpaceX había provocado tanta crítica como admiración.

Las críticas dirigidas a estas empresas muchas veces tienen que ver con dinero despilfarrado en nombre del turismo. Un asiento en el vehículo sub-orbital de Blue Origin fue subastada por US$28 millones. Bezos ha invertido alrededor de US$10.000 millones en la empresa hasta ahora, con mucho más dinero por venir. Musk y Branson han incurrido en gastos similares en sus propias empresas. Muchos creen que estas inversiones serían de mayor impacto si fuesen dirigidas a asuntos más materiales, como mitigar el cambio climático. En los ojos de los críticos, estos hombres han abandonado la tierra para jugar en las estrellas.

En lugar de sustraer de sus éxitos, quizás deberíamos aprender de su ejemplo. Estos multimillonarios espaciales han mostrado que el capital privado puede hacer lo que alguna vez se consideraba imposible, incluso hasta hace un siglo atrás —enviar a un ser humano al espacio. 

El cambio climático es otra oportunidad para lograr lo aparentemente imposible, y la industria privada ya está haciéndose presente frente a este reto.

DÓLARES PRIVADOS, BENEFICIO PÚBLICO

Cómo en la carrera espacial entre multimillonarios, las entidades privadas están realizando grandes avances en cuanto a la energía y el clima. Desde Silicon Valley hasta la Cuenca de los Montes Apalaches, las empresas están involucradas en una multitud de emprendimientos que reducen el carbono atmosférico mientras que persiguen las ganancias.

Prometheus Fuels es un ejemplo de esto. Prometheus remueve el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y lo convierte en gasolina y combustible para aviones. En efecto, Prometheus pone en reversa el proceso de combustión, generando combustibles a partir de los gases, agua y electricidad en el ambiente. Esto resulta en un combustible que genera cero emisiones netas de carbono. Fortalecida en 2019 mediante un periodo en la Y Combinator, la empresa basada en Santa Cruz dice que una vez que produzca a escala, será capaz de generar gasolina a un precio de tan solo US$3 por galón. Con el precio promedio a nivel nacional en $3,19 a fines de septiembre, esa es una proyección que los conductores y ambientalistas pueden encontrar atractiva.

En aviación, Prometheus ya tiene un acuerdo con la empresa emergente de aviones supersónicos Boom. Boom, por su parte, tiene un acuerdo con United Airlines de entre 15 a 50 aviones que Boom planea sacar de la línea de producción empezando en 2025. Si estas sociedades tienen éxito, la aviación supersónica y carbono-neutral podría estar justo a la vuelta de la esquina.

CNX Resources es una empresa tradicional de energía que está desplegando tecnología avanzada para combatir las emisiones. Basada en el oeste de Pennsylvania, CNX está entre las grandes historias de éxito de la revolución de gas natural y petróleo de esquisto que voltearon la ola económica para su región y, probablemente, todo EE.UU. durante la última década. Lo que distingue a CNX de otras empresas de gas natural es su reconocimiento del beneficio mutuo económico y ambiental generado por la captura de las fugas de metano en los sitios envejecidos o abandonados de minería de carbón.

Según el reporte de responsabilidad corporativa de la empresa para 2020, esta redujo más de 300.000 toneladas métricas de emisiones de metano desplegando tecnologías patentadas en vetas de carbón y minas de carbón, o el equivalente a 7,7 millones de toneladas de dióxido de carbono el año pasado. Ese es el mismo beneficio que remover 1,7 millones de carros de las carreteras en EE.UU. Esas 7,7 millones de toneladas de CO2e se hubiesen sumado directamente a las concentraciones globales de gases de efecto invernadero sin proveer beneficio humano alguno. En cambio, CNX las ha convertido en combustible asequible para electricidad y calentamiento. Como resultado, la empresa tiene la rara distinción en su campo de lograr un estatus carbono-negativo en sus actividades Scope 1 y Scope 2.

Edge es otra empresas que está convirtiendo desperdicios en ganancias, desatando el potencial latente del gas con una nueva tecnología que llama la Cryobox. La Cryobox es un aparato del tamaño de una furgoneta que estando conectado a una fuente, captura el gas que escapa, y lo convierte en líquido in situ para que luego este sea transportado en la forma de gas natural licuado (GLN).

Según Bloomberg, «la Cryobox de Edge puede producir hasta 15 toneladas métricas (10.000 galones) al día de GLN. La torre de perforación puede moverse entre pozos y puede estar funcionando dentro de una hora después de haber llegado al lugar» Esta tecnología economiza un recurso que de otra manera hubiese sido descartado como un desperdicio en la industria de petróleo y gas y liberado mediante un proceso llamado la quema. La quema global emite alrededor de 275 millones de toneladas de CO2e al año. Como Prometheus y CNX, Edge ha identificado una oportunidad de proveer tanto valor económico como ambiental.

Mientras que sería fácil celebrar a estas empresas como historias para sentirse bien, es importante recordar que estas contribuyen a las reducciones en las concentraciones globales de gases de efecto invernadero respondiendo a los inventivos de mercado y al atractivo de obtener ganancias. Adoptando una visión empresarial de la producción de recursos, estas convierten moléculas que de otra manera hubiesen sido desperdicio sin valor en energía útil. Al hacerlo, estas destruyen la acusación fastidiosa de que el capitalismo es el enemigo del progreso ambiental. En realidad, el mercado disciplina a las empresas para que estas reduzcan sus apetitos de recursos y fomenta a las empresas creativas como Prometheus, CNX, y Edge para que provean soluciones innovadoras.

DENLE A LA GENTE LO QUE QUIERE

Los incentivos sociales, también, están alentando la acción climática privada.

Un ejemplo excelente aquí es el proyecto climático lazando por la empresa de pagos en Internet Stripe. El Programa Climático Stripe le da a sus usuarios la opción de dirigir una fracción de sus ingresos a los programas para remover carbono. Con un personal dedicado a identificar e invertir esos fondos en proyectos que valen la pena, Stripe facilita que las empresas utilicen su plataforma para contribuir a los esfuerzos de mitigación de carbono. Stripe Climate es ahora un jugador visible en el sector de retiro de carbono, sirviendo como un acelerador de la industria.

Entre las empresas que Stripe Climate está financiando se encuentran Climeworks y Project Vesta. Climeworks inició operaciones en septiembre en la planta más grande de captura directa de aire del mundo en Islandia. La planta retirará CO2 del aire y lo depositará profundamente en el subsuelo, removiendo el equivalente a las emisiones de 870 autos al año. Esta es una suma honestamente pequeña, pero demuestra la viabilidad técnica del proceso.

El Project Vesta busca acelerar un proceso de aislamiento que ocurre naturalmente, utilizando lo que llama captura costera de carbono. La estrategia consiste de minar olivino, esparciéndolo a lo largo de las líneas costeras, luego permitiendo que la naturaleza siga su curso, aplastando este mineral absorbente de CO2 con la energía de las olas y luego permitiendo que este se lave hacia el océano. 

Mientras que Prometheus, CNX y Edge están respondiendo a incentivos directos de obtener ganancias, Stripe Climate está respondiendo al mercado de la opinión pública. Su proyecto depende del deseo de la gente de comprometer sus recursos escasos a emprendimientos que encuentran valiosos, incluso si ese valor no se les retribuirá de forma monetaria o exclusiva. Los críticos ridiculizarán el hasta ahora total minúsculo de carbono que han logrado hasta ahora retirar los socios de Stripe; probablemente ellos alguna vez se burlaron de la idea de que un vendedor de libros en internet se pudiese llevar a sí mismo al espacio.

Mientras que los gobiernos federal y de los estados tienen la capacidad de lograr objetivos más grandiosos, la historia muestra que el gasto estatal puede ser ineficaz y despilfarrador. El capital privado muchas veces ha demostrado ser más ágil, respondiendo rápidamente a los incentivos tanto monetarios como sociales. La carrera espacial de los multimillonarios es un caso puntual. Desde las reformas a la NASA en la década de los 2000 que crearon el Programa de Servicios Comercial de Transporte Orbital, SpaceX se ha convertido en la entidad más importante en la exploración del espacio, y Virgin Galactic y Blue Origin ahora se han unido a esta en la frontera final. 

Cuando discutimos el cambio climático, muchas veces ignoramos el impacto que la acción privada y alineada con los mercados puede tener y solemos creer que las acciones estatales proveen nuestro mejor e incluso único camino hacia adelante. Al final del día, sin embargo, puede que sea el capital privado el que nos consiga los despegues espaciales que todos esperamos.

*Esta columna fue publicada con anterioridad en el centro de estudios ElCato.org.

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