Javier Raventós, un visionario de la industria fintech en Colombia: «Hay empresas que están haciendo una tarea fenomenal, que tienen una conciencia social auténtica»

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Javier Raventós, un pensador del ecosistema fintech, conversó con Tekios sobre la transformación del sector, los efectos de la pandemia y del sello colaborativo de un país que destaca con su revolución financiera.

Javier Raventós descubrió las fintechs antes de que existieran.

En 1991, cuando la tecnología de la época se relacionaba con aquel concepto revolucionario llamado «multimedia», surgían los CD-ROM y se podía acceder a las primeras pantallas táctiles, Raventós, un administrador de empresas apasionado por la tecnología, ya tenía la certeza de que la digitalización de la economía iba a ocurrir, tarde o temprano. Una certeza muy prematura, ya que internet apenas llegaba a las universidades colombianas y los servicios financieros eran controlados por unos poquísimos personajes intocables.

El conocimiento tecnológico que alimentaba Raventós en sus tiempos libres lo impulsó a crear Interplaces Multimedia, en 1992, una agencia de publicidad digital, una empresa atípica para ese momento, pero con un gran potencial, debido a que el arribo del internet a los hogares colombianos aceleraría el crecimiento de su agencia y, en pocos años, lograría posicionarse muy bien y conseguir grandes clientes. Uno de ellos, Davivienda, tal vez el banco tradicional en Colombia con mayor apertura hacia la tecnología.

«En esa época, 1995, ya estábamos pensando en montar el banco digitalmente, aunque todavía no existían las tecnologías de seguridad y las formas para hacerlo correctamente», recuerda Raventós, en conversación con Tekios desde Bogotá. “Me imaginé que esos dos mundos iban a converger y que algo iba a pasar: va a ser un boom. La tecnología va a avanzar y va a transformar al sector financiero tradicional, y van a llegar actores independientes que se van a atrever a incursionar».

Desde ese momento se dedicó a leer obsesivamente sobre tecnología y el sector financiero. Una obsesión que lo llevaría a emprender en 2005 un sistema de pagos enfocado a las tiendas de barrio. «Fue un proyecto fallido. Quisimos hacer una banca móvil cuando todavía no existían los smartphones. Después de un desarrollo muy interesante, los operadores de teléfonos celulares no nos abrieron el puerto que necesitábamos, pero sacamos los derechos y se vendió en Sudáfrica y en El Salvador, y funcionó muy bien.”  

Raventós siguió su exitosa carrera en la publicidad hasta hace unos pocos años, cuando decidió dedicar su tiempo a la divulgación de los servicios fintech en su país. «Desde siempre intuí que venía una revolución muy grande en el sistema financiero y que esto se iba aplicar a todo», sentencia.

Esa labor de divulgación es lo que lo ha llevado a escribir el libro «Empresas Fintech en Colombia II«, una obra que reúne artículos de opinión y entrevistas con algunos de los protagonistas del ecosistema fintech, así como 18 perfiles de las compañías más interesantes y representativas de las nueve verticales del sector. Aquí puede leer el libro.

POST COVID-19

La primera edición de tu reciente libro la empezaste a escribir antes de la pandemia. ¿Cuáles fueron las transformaciones del sector que más te sorprendieron al escribir la segunda, después de un año tan complicado?

-El ecosistema fintech se convirtió en un aliado muy importante para el gobierno (colombiano) para poder manejar las remesas, para pasar los subsidios. Entonces, todas las empresas y verticales que estaban vinculadas, las de plataformas de pago y electrónicos, tuvieron que acelerar su crecimiento para poder dar abasto a cuatro millones de subsidios en un muy corto tiempo. Muchos tuvieron que agilizar procesos y transformaciones.

El consumidor cambió sus hábitos a partir de esto. La gente necesitaba de soluciones para recibir dinero, para pagar el mercado, los colegios, lo que fuera.

Las compañías respondieron con nuevos servicios. Muchos temas que estaban rezagados se aceleraron. Las fintechs que ofrecen factoring, por ejemplo, tuvieron que acelerar su desarrollo y se convirtieron en un pulmón para las pymes. Nuevos seguros aparecieron desarrollando el vertical de insurtech.

La solicitud de créditos creció. Y, entonces, las startups que manejaban créditos, pero que hasta ese momento eran muy tímidas en su crecimiento y que manejaban unos fondos muy pequeños, vieron una gran oportunidad y empezaron a hacer prestamos a más número de personas a mayores valores.

Eso también obligó a que se aceleraran los procesos de identificación de usuarios con biometrías y otras tecnologías. También se aceleró la integración con sistemas de data. Las empresas de Inteligencia Artificial se fortalecieron para generar algoritmos que pudieran determinar rápidamente hasta qué montos de crédito se le puede dar a algún cliente.

Y, por último, se aceleraron las leyes. Por ejemplo, el sandbox regulatorio, algo que estoy seguro que estaríamos a seis o siete años de verlo, hoy es una realidad. Lo mismo ocurrió con la ley de pagos electrónicos.

¿El ecosistema colombiano respondió más rápido que otros países de la región?

-Sí, sin duda. Colombia hoy es considerado el tercero en la región después de Brasil y México, y cada día nos acercamos más a México. Hay algo muy interesante de este ecosistema fintech del país. Los empresarios que están metidos acá no se limitan. No se imponen barreras geográficas o de dinero. Creen que son capaces de llegar a seis países en dos años y lo hacen. Uno ve muchas empresas colombianas ya metidas en toda la región, y también en Estados Unidos o en Europa.

Grandes fondos de inversión están creyendo en estos proyectos. Ya no hablamos de US$1 o US$2 millones. Estamos hablando de US$25 o US$50 millones para una startup.

UN ECOSISTEMA QUE FUNCIONA

Siempre se había dicho que lo que le faltaba al fintech en Colombia era capital de riesgo. ¿Está ocurriendo?

-Sí. En la edición anterior (del libro) había muy pocas que conseguían inversores interesantes y algunas se manejaban con dinero de la familia o la liquidación del trabajo. En esta vimos que desde el emprendimiento, desde el capital semilla, hay mucho más dinero. Se está pasando muy rápido de ronda A a una ronda B, a una ronda C. Además, muchas fintechs de afuera ya no están solo viendo a Colombia como un mercado, sino también como fuente de mano de obra. Los desarrolladores colombianos son muy buenos. Y es que ya hay escasez de gente en el sector. Comercio y gobierno están juntándose en la parte educativa, porque es muy necesaria. Ese será un tema muy importante a corto plazo.

También pareciera que, a diferencia de otras agrupaciones gremiales, sí hay un espíritu colaborativo entre las fintechs.

-Sí, existen mesas de trabajo funcionales donde todos trabajan para todos. Son muy proactivas. Capacitan mucho, desarrollan a la gente. Colombia Fintech no es una asociación política como lo es la ANDI (Asociación Nacional de Empresarios de Colombia) o Findesarrollo (Financiera de Desarrollo Nacional), asociaciones anquilosadas, de lobby. Las compañías fintech en Colombia son muy colaborativas. Se integran, intercambian desarrollo por el bien de todos. Piensan distinto.

¿No existe una fricción muy fuerte con la banca tradicional, como se ha dado en otros países?

-Al principio, sí. Cuando eres el dueño de la cancha y alguien se te mete a la cancha, no es fácil aceptar a ese nuevo jugador. Pero los empresarios bancarios en Colombia fueron lo suficientemente inteligentes y lo vieron como una oportunidad y no como una amenaza, como el grupo Aval, que es una banca vieja y paquidérmica, pero que hace poco permitió que los nietos del fundador se vincularan, les creyeron, y empezaron a impulsar. Han comprado empresas, han montado empresas. Están apostándole.

Davivienda y Bancolombia lideraron esto, sin duda. Impulsaron productos disruptivos nuevos dentro de la banca tradicional. Daviplata es un éxito total, Nequi de Bancolombia es otro producto muy interesante. Los demás actores de la banca se dieron cuenta de que tenían que seguir ese paso, unirse a gente o comprar empresas y desarrollar con ellos, y eso es lo que ha pasado.

¿La relación con el gobierno también parece estar funcionando?

-El gobierno lo puso de bandera para que se agilicen los procesos. Le sirve de muchas maneras: para incrementar impuestos, para su programa de Economía Naranja y para mover la economía. Le ha trabajado. Vemos ahora a las empresas fintech sentadas con gente del Banca de las Oportunidades y de Innpulsa, trabajando para una normativa. Todos trabajando en comunidad.

¿Las empresas fintech viven bajo su promesa de la inclusión financiera?

-Sin duda, muchas lo hacen. La inclusión no llegaba al 26% hace unos pocos años; hoy en día el 85% de la población ha tenido acceso a algún servicio financiero. Aunque sea para recibir un subsidio. Antes todo era efectivo. Y el impacto de estas empresas a veces va más allá de la inclusión financiera.

Hay empresas fintech que están haciendo una tarea fenomenal, que tienen una conciencia social auténtica y viven bajo esa premisa. Finsocial es un claro ejemplo de esto. Es una empresa que está haciendo muchísimo por ciertas comunidades y grupos. Es un claro ejemplo de que se puede tener una finalidad social y generar utilidades. Liquitech es otra. Lo que ha hecho Vaki en crowdfunding también vale la pena resaltarlo. O lo que está haciendo Coink. La lista es larga.

FUTURO FINTECH

Y, entonces, ¿que vendrá después de este pico de crecimiento?

-El negocio que viene es la utilización de la data y la información Si tienes la información de qué compras, qué gastas, qué pagas, qué créditos tienes, qué cumples, qué no cumples: esa información es oro. Van a terminar generando muchos recursos. La monetización de la información, eso es lo que sigue. Rappi ya empezó con eso y Punto Red también.

Vienen más desarrollos, más empresas, más innovación Va a haber mucho desarrollo basado en Inteligencia Artificial. Un fortalecimiento en temas de seguridad. Viene el impacto de algunas fintechs, por gente en el campo con acceso al crédito o a la compra de insumos a mejores precios. Van a haber historias muy grandes detrás de todo esto. Habrá microespacios para pequeños grupos y macroespacios para otros.

¿En qué compañías debemos poner el ojo, que son ejemplos de lo que viene?

Agrapp, dedicada al sector agrario. Esta empresa financia agricultores a través de crowdfunding y ofrece beneficios interesantes. Cannvest, que hace crowdfunding para que las personas inviertan en plantaciones de cannabis para uso medicinal. Ahora que el decreto para poder exportar ya está firmado, puede explotar. Inverti, que es el primer crowdfunding inmobiliario aprobada por la Superintendencia Financiera de Colombia. Van a surgir muchas empresas que tienen que ver con blockchain, que están en desarrollo, no solo para criptomonedas, sino también para criptoactivos. Como Buda, que tiene unos desarrollos con el Banco de Bogotá que arrancan en estos días.  

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Cofundador de Tekios, es ingeniero industrial y periodista. Tras una larga experiencia en México y en Colombia en los sectores financiero, manufacturero e inmobiliario, hace más de una década publica en diferentes medios de América Latina: Milenio, El Universal, Expansión, Chilango, Animal Político (México); CNN y Esquire (Latam); Clarín (Argentina); Semana, Cromos (Colombia). Fue corresponsal de AméricaEconomía en México. Su continua búsqueda de historias originales y trascendentes dentro del periodismo de economía y negocios, lo llevaron al encuentro con las tecnologías disruptivas y su gran poder transformador para la región.