Elon Musk le da la espalda a Bitcoin y la criptoagricultura se fortalece como alternativa verde

Hay consenso a nivel de expertos medioambientales que la minería de datos tras Bitcoin gasta una cantidad de energía impresionante. Los dichos del dueño de Tesla no hacen más que encender un tema que se venía discutiendo en privado entre investigadores, empresas tecnológicas y fintechs.

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Hay consenso a nivel de expertos medioambientales que la minería de datos tras Bitcoin gasta una cantidad de energía impresionante. Los dichos del dueño de Tesla no hacen más que encender un tema que se venía discutiendo en privado entre investigadores, empresas tecnológicas y fintechs.

Voluble, sorpresivo, insolente, disruptivo entrepreneur, celebridad tecnológica, feroz influencer. ¿Quién? Elon Musk, el director ejecutivo de Tesla, quien el pasado 12 de mayo demostró que es capaz de inclinar a sectores de la industria hacia un sentido u otro, a discreción.

Musk hizo bajar 10% la cotización de Bitcoin a través de tweet en el que anunció que su compañía de automóviles eléctricos ya no aceptaría Bitcoin como pago por sus vehículos, dos meses después de que había anunciado que lo haría, y justificó así el cambio: «Nos preocupa el uso cada vez mayor de combustibles fósiles para la minería y las transacciones de Bitcoin, especialmente el carbón, que tiene las peores emisiones de todos los combustibles».

Musk ratificó al día siguiente el cambio en 180 grados, al publicar un gráfico del índice de consumo de electricidad de Bitcoin, de la Universidad de Cambridge (CBECI), tweet que acompañó con el siguiente comentario: «La tendencia de uso de energía en los últimos meses es una locura».

Por razones obvias el ecosistema del Bitcoin y las criptomonedas quedó en shock, sobre todo porque Musk se retractaba así de seguir apoyando una criptomoneda en la que había apostado con fuerza, convirtiéndose en uno más de los millonarios del Bitcoin. Tesla obtuvo una ganancia en papel de más de US$900 millones, tras comprar US$1.500 millones de la criptomoneda, a principios de febrero.

Pero si su alto perfil ayudó a encumbrar el precio de un Bitcoin a más de US$58.000, esta vez lo hizo caer por su huella ambiental considerable. Musk, así, se sumaba a algunos detractores como el consejero económico superior del presidente Joe Biden, quien describe Bitcoin como «una forma extremadamente ineficiente para llevar a cabo transacciones».

Hay consenso a nivel de expertos medioambientales que la minería de datos tras Bitcoin gasta la misma cantidad de energía anual que utilizaron los países Bajos en 2019, por ejemplo, según los datos de la Universidad de Cambridge y la Agencia Internacional de la Energía; o que teravatios-hora (TWh), el gasto anual de Bitcoin es 151,16, superando al de Malasia (147,21) y Egipto (150,58), y levemente inferior al de Polonia (152,57).

El alto consumo se debe al proceso que ocurre en la ‘cocina’ del Bitcoin, donde se minan criptomonedas, es decir, se realizan un conjunto de procesos necesarios para validar y echar a andar las transacciones de una criptomoneda, que en el caso de Bitcoin consumen la cantidad de electricidad equivalente a 1,4 años de uso de dispositivos domésticos siempre encendidos, pero inactivos en los EE. UU.; y un consumo anual que podría alimentar todas las teteras utilizadas para hervir agua en Europa por 5,1 años.

De este modo, las críticas contra Bitcoin están instaladas y resultan incontrarrestables, a pesar de que algunos de los defensores de la criptomoneda la han defendido diciendo que el sistema financiero, con sus millones de empleados y equipos de aire acondicionado de las oficinas, también usa una ingente cantidad de energía.

FACTOR CHINA

Para los investigadores Shangrong Jiang, Yuze Li , Quanying Lu, Yongmiao Hong, Dabo Guan, Yu Xiong y Shouyang Wang, quienes a inicios de abril pasado publicaron en revista Nature el artículo «Evaluaciones de políticas para los flujos de emisiones de carbono y la sostenibilidad de la operación blockchain bitcoin en China», la incidencia del Bitcoin podría incluso echar por la borda las metas que se ha planteado el planeta para detener el calentamiento global.

«Mediante la investigación de emisiones de carbono de los flujos de Bitcoin que operan en China, mediante una simulación basada en su blockchain, se espera que el consumo anual de energía de la blockchain de Bitcoin -en el gigante asiático- tenga un pico en el 2024 de 296.59 Twh, y que genere 130.50 millones de toneladas métricas de emisiones de carbono en consecuencia» detalla el informe publicado en Nature.

Este caudal de emisiones chinas podría exceder el total anual de las de la República checa y Qatar. A nivel nacional, estas emisiones de carbono se ubican en el top 10 entre 182 ciudades y 42 sectores industriales de China.

ACUERDO POR CRIPTOMONEDAS VERDE

Con las declaraciones de Musk el tema de la huella ecológica del Bitcoin no hace más que explotar, porque ya era un tema del que se venía discutiendo entre grupos de investigación y empresas privadas. Tanto así, que a inicios de abril pasado fue anunciada la iniciativa Crypto Climate Accord, una alianza que se inspira en el Acuerdo Climático de París, con el objetivo de descarbonizar la industria de las criptomonedas en tiempo récord.

El Acuerdo es respaldado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático , y liderada por los organismos de investigación energética Energy Web y el Rocky Mountain Institute, así como por la Alliance for Innovative Regulation, que promueve la modernización de las regulaciones financieras.

El Acuerdo tiene la intención de descarbonizar por completo todas las criptomonedas a 2030, y para eso, espera desarrollar estándares, herramientas y tecnologías que acerquen el objetivo.

ALTERNATIVA CONCRETA

El gran impasse del Bitcoin se proyecta que será una gran oportunidad para que criptomonedas ‘verdes’ comiencen a instalarse como alternativas que sí respetan la sostenibilidad. Chia es una de ellas, que comenzó a cotizar en Wall Street, creación de Bram Cohen, el inventor del protocolo BitTorrent peer-to-peer. Chia usa un método de minado más amable con el medio ambiente al «cultivar» las monedas y no extraerlas.

La idea es que los usuarios, llamados agricultores, puedan sembrar sus discos duros o unidades SSD con software que coloque números criptográficos en parcelas específicas.

Chia Network tiene su propio lenguaje de programación de transacciones inteligentes: Chialisp. La compañía asegura que su lenguaje combina los mejores aspectos del modelo UTXO de Bitcoin y el modelo de solidez de Ethereum para permitir una funcionalidad más segura y que consuma menos energía.

iMD Companies es una de las compañías que respalda a Chia y está enfocando sus recursos en su cultivo. «Desde nuestro primer anuncio, en marzo, hemos estado construyendo servidores para trazar y cultivar monedas de chía (…) iMD ha seguido ampliando nuestros servidores y la capacidad de almacenamiento del disco duro semanalmente para alcanzar nuestro objetivo inicial en mayo: más de un pedabyte (1.000 Terabytes) en la red principal de Chia», afirma la compañía.

El espaldarazo a Chia, según South China Morning Post, incluiría nada menos que al gobierno chino que está diversificando el 50% de toda su minería de Bitcoin a la agricultura de Chia.

Suena auspicioso. Aunque habrá que esperar y estar atentos al Twitter del voluble Elon Musk para vislumbrar el futuro del mercado, si Bitcoin seguirá siendo el rey y si la aparecida princesa Chia se convierte en otra de las nuevas y prometedoras criptomonedas.

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