Laura Gómez, partner edtech de Latin Leap: «Mi interés en la educación viene por los dos sentimientos que mueven el mundo: miedo y amor»

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Conversamos con la partner edtech del fondo de capital de riesgo Latin Leap, creado en Colombia. Una abogada emprendedora con una visión holística acerca del papel que debe tener la tecnología en la educación en América Latina.

Latin Leap es un fondo de capital de riesgo que juega entre los fondos de impacto y los venture capital tradicionales. La compañía, fundada por Stefan Krautwald, busca invertir en mercados líquidos (principalmente de Asia), bajo el criterio de «soluciones de economías emergentes para economías emergentes», a través de compañías que tengan objetivos específicos en América Latina.

Laura Gómez es la encargada de buscar las primeras inversiones que cumplan esos criterios para el fondo edtech de Latin Leap, que ya tiene un portafolio en los sectores agtech, e-commerce y healthtech. Una abogada emprendedora que lideró con éxito, hace unos años, la creación del fondo de capital de riesgo del Grupo Sura (grupo de banca universal líder en el mercado colombiano y presente en 6 países), y que después de un periplo por el mundo corporativo y el emprendedurismo llegó a Latin Leap con una misión que parece trascender los objetivos de un fondo de capital de riesgo tradicional.

¿Por qué estudiaste Derecho si siempre supiste que querías ser una emprendedora?

-Estudié Derecho para ser emprendedora, sabiendo que no iba a ejercer. Mi sueño nunca ha sido estar en una firma de abogados. Para mí (amando el Derecho), esa era la muerte en vida y la aburrición máxima.

Desde niña supe que quería ser emprendedora. Yo dije, ‘no quiero que a mí me digan qué puedo y qué no puedo hacer’. Yo quería poder entender, poder crear mis compañías, y poder entender y negociar yo mis propios contratos y no tener que depender tanto, al final, de otro abogado.

¿Y cómo llegas al mundo de la tecnología?

-‘Júreme que por lo menos un año va a aprender con plata de otros’, me dijo mi mamá, porque sabía que yo iba a dedicar mi vida a emprender. Así empecé, como directora jurídica de nuevas tecnologías para una compañía del grupo Ardila, donde yo ya tenía lista la carta de renuncia el día que cumplí un año. Ese fue mi primer acercamiento formal con la tecnología.

Después monté una compañía de biotecnología (Instituto de Regeneración Tisular – IRT). Tuve un exit muy grande y muy chévere, cuando en esa época no se hablaba de los exits como se habla hoy.

Fue cuando ya me empezaba a dar cuenta de que el mundo tecnológico es una maravilla. Después vino una quiebra con una compañía que no era muy tech y me di cuenta que al no tener una base tecnológica, no era tan escalable y no tenía la potencia que podría haber tenido… Me alegré que se hubiera quebrado, porque si hubiera funcionado un poco mejor, me habría quedado ahí sin poder escalar.

¿Cómo fue esa quiebra?

-Le aposté todo el dinero del exit a una compañía, y más o menos me tocó entregarle hasta el brasier al banco. Hacíamos contenidos audiovisuales, comerciales, videos musicales y cine. Hicimos muchos otros servicios para Hollywood, pero toda la parte de producción de servicios en el mundo creativo y audiovisual, en las industrias creativas, no es más que una maquila. No deja riqueza. La propiedad intelectual se va. Empezó muy bien, pero llegó un momento en el que se estancó y finalmente nos quebramos con un modelo de negocios que no era muy escalable. Es una industria supremamente intermediada.

Entonces, hicimos un flip coin con mi esposo para mirar quién se empleaba, y eso para un emprendedor es el castigo más grande. Me daba alergia pensar en emplearme, más alergia que la quiebra. En ese momento recibí una llamada del Grupo Sura para un trabajo de abogada. Fui a la entrevista a decir que no, pero a los dos días me ofrecieron ser la directora de Innovación del Grupo.

Tengo entendido que montaste el VC del grupo Sura, ¿cierto?

-Ellos ya tenían la estructura, pero todavía no tenían la primera inversión. No sabían qué hacer con eso. No les gustaban las compañías que estaban viendo, todo era muy local. No había el boom que ha habido en estos últimos años. Montamos todo el sistema de innovación del grupo que implicaba el montaje de nuevas compañías; montamos dos compañías nuevas muy chéveres. Y tuvimos unas inversiones importantes, alrededor de US$ 35 millones en compañías para el grupo, startups.

El fondo tuvo una rentabilidad bastante llamativa para el Grupo, además de haber hecho inversiones en compañías que hoy son unicornios y a las que llegamos temprano. Dimos una rentabilidad no solo financiera, sino estratégica para el grupo y las compañías que lograron integrar.

Una experiencia de ligas mayores, pero ¿por qué te fuiste?

-Sin duda. Estuve trabajando remoto en el grupo durante la pandemia, y cuando llamaron a oficinas yo dije ‘muchas gracias’, porque además estaba acompañando a mi papá después de la muerte de mi mamá. Renuncio con la idea de darme un año sabático, pero ya enamorada del mundo VC.

Pero, por lo visto, no te tomaste el año sabático.

-Me duró 7 días; fue cuando me llamaron de Latin Leap. Yo ya había tenido conversaciones con ellos por mi visión de invertir afuera en mercados mucho más líquidos, pero que de alguna manera pudieran traerse las soluciones para los problemas que tiene Latinoamérica. Y me ofrecieron abrir una unidad, un fondo solo para edtech. Así es como termina una abogada emprendiendo en VC.

Para ese momento yo ya estaba reconciliada con el tema de las inversiones, porque empecé a verlo no solo como el mundo frío financiero netamente, sino como un motor, como un dínamo importante del emprendimiento. El emprendedor puede lograr su visión gracias a que tiene capital.

LA DIFERENCIACIÓN

¿Qué diferencia a Latin Leap del resto de los VC?

-Latin Leap lo monta Stefan Krautwald con la idea de hacer un VC normal, tradicional, y en esas conversaciones iniciales fue cuando vimos el tema de mercados ilíquidos, donde empresas grandes no han hecho IPOs dentro, sino afuera.

Entonces, hablamos sobre invertir en compañías que estén en mercados líquidos y que se estén comiendo sus mercados domésticos, que sean grandes, y que solucionen problemas que también tenga Latinoamérica. Queríamos que ese capital que metemos termine llegando a la región, implementando soluciones que ayuden a hacer un salto en el desarrollo. Esa es nuestra premisa. Es un fondo agnóstico que ha invertido en agtech, healthtech, B2B services, e-commerce, entre otras.

Es un fondo colombiano que invierte en compañías principalmente concentradas en el sudeste asiático, sobre todo Singapur, que es el hub de la región. Invertimos en esas compañías para traerlos a Latinoamérica.

¿Esta tesis de inversión viene de tus tiempos en Sura?

-Cuando yo llegué a Grupo Sura no habían hecho ninguna inversión; tenían el fondo montado, pero ninguna compañía de las que estaban viendo les movía la aguja. Y dijimos ‘yo no puedo negar que hay petróleo si solo estoy perforando en el jardín de la casa. Si vamos a cambiar la industria de servicios financieros en el mundo o en Latinoamérica, pues probablemente la solución no está en el barrio’. Teníamos que hacer el estudio de suelos para saber dónde explorar.

Entonces, abrimos Sura Ventures al mundo y cambiamos la tesis de inversión. Y pensamos que si íbamos a invertir en fintech, sería en compañías que estén cambiando los servicios financieros en el mundo, y nosotros nos encargaríamos de traer eso a Latinoamérica y ser pioneros. Decidimos invertir donde estén las mejores compañías del mundo, pero cuyas soluciones sean aplicables a Latinoamérica. Es el mismo principio que hoy tiene Latin Leap.

¿Latin Leap invierte en qué serie?

-Latin Leap invierte en series B, C o D ya avanzadas, sobre todo entre B y C, para estar también en el upside, donde el modelo ya está probado y simplemente necesitan escalar y podamos hacerle el roll out más fácil en la región.

¿El modelo se ha mantenido con el eje Asia-Latinoamérica?

-La esencia se mantiene, pero es un modelo dinámico que tiene que ir respondiendo al mercado. Si mañana el sudeste asiático no nos da lo que necesitamos, que es lo que está pasando en educación, la tesis probablemente tendrá que abrirse a otro tipo de geografías.

EDUCACION, EL GRAN SALTO

¿Y por qué invertir en educación?

-En Grupo Sura había un espíritu bonito de retribución a la sociedad. Y habíamos hablado de educación en algún momento, pero nunca se abordó y a mí me quedó la espinita. Pero mi interés en la educación viene de antes, por los dos sentimientos que mueven el mundo: miedo y amor. Miedo, en el sentido de que yo sufrí mi educación antes de la universidad, la detesté; y amé la universidad, pero sufrí el colegio a más no poder. Lo detesté por el nivel de competitividad y estrés, donde solo se puede estudiar y hay que sacar las mejores notas.

Y por amor: cuando tengo a mis hijas y es hora de mandarlas al colegio, yo me pregunto si es lo mejor que puedo hacer por ellas. Repetir ese modelo de ir al colegio, universidad y posgrados. Me pregunto si habrá algo más que yo pueda darles y dónde está eso. Y yo creo que ahí es donde empiezan las conversaciones profundas y me obsesiono sobre el mundo de la educación.

-¿Y por qué la educación no llama tanto la atención de los inversionistas?

-La educación siempre se ha visto con recelo y lo entiendo. Fintech es una industria hiper regulada, pero al final el negocio financiero es manejado por privados. Hay mucha plata y mucha interacción con el sector privado que podría hacer mucha presión también en la parte regulatoria. Pero si ves a edtech, está en el otro lado del espectro; es sumamente regulada. La gran prestación es pública y uno no ve que haya un gremio de educación lo suficientemente grande que genere la suficiente presión como para que también esa regulación avance. Y esto es a nivel mundial. La educación es un sistema súper complejo, lleno de anticuerpos y de barreras para el cambio.

-Y entonces, ¿por qué meterse ahí?

-Porque es la piedra angular de los problemas que tenemos en Latinoamérica. Al sector privado le falta meterse con más compromiso y más de lleno para de alguna manera acelerar la transformación que el sector necesita. Sabemos desde siempre que hace mucha falta esa intervención un poco más activa. También sabíamos que es un reto enorme.

IMPACTO VS. RENTABILIDAD

Entonces, ¿la motivación es más el impacto que la rentabilidad?

-Sí. La industria del VC sigue siendo una industria derivada de las inversiones tradicionales y muchos de los que manejan los fondos no son emprendedores, sino financieros, siguen siendo muy cuadriculados. Nos preguntan si somos un fondo impacto o un fondo de rentabilidad, y es muy difícil que entiendan que somos las dos cosas; que uno puede generar impacto y tener rentabilidad.

Nosotros no somos unos unicorn hunters; si encontramos una compañía que va a cambiar la industria de la educación en el mundo, pero cuyas soluciones no se aplican para Latinoamérica, y no la podemos traer, no invertimos. Tampoco si encontramos una compañía que es capaz de cambiar la educación en Latinoamérica, pero no hay plata y no es sostenible.

Nosotros invertimos en modelos que hagan las dos cosas. Si el edtech es vista solamente como una inversión de impacto, va a seguir delegada por el privado al público y relegada por el público por no traerle la popularidad necesaria ni los resultados de corto plazo. Tenemos que entender que tiene que ser rentable y ser sostenible, y además, tiene que tener impacto.

Nosotros decidimos hacer un fondo grande especializado únicamente en edtech, cosa que en ese momento no había, eran fondos con verticales. Creemos que la inversión privada tiene que meterse como se ha metido en las otras verticales.

Pero la inversión en edtech, según las cifras, sí ha crecido aceleradamente.

-El crecimiento de edtech ha sido muy alto en inversión, pero comparándolo con otras verticales, está muy rezagada. Es una industria que no ha podido innovar de verdad. Y cuando uno ha invertido en otras verticales uno ve el rezago de edtech.

Después de ver mucho pipeline encontramos que la mayoría de los grandes unicornios en educación en el mundo van hacia la digitalización de la educación, pero no estamos viendo la transformación digital de la educación.

En fintech, por ejemplo, vemos grandes cambios en el paradigma, pero en edtech apenas es una digitalización. Pueden mejorar el acceso, pero no estamos viendo el gran cambio en calidad y en contenido.

-¿Esta visión de impacto es compartida por algunos VCs que también estén haciendo inversiones en edtech?

-No hasta donde sabemos. Los fondos de inversión tradicionales que están entrando al edtech están invirtiendo principalmente en upskilling y reskilling, o en la parte B2B que es más a corto plazo. Las principales métricas que se miden ahí son las financieras. Y están los fondos de inversión de impacto, que muchas veces tienen una visión más asistencialista, independientemente de qué tan bueno o rentable sea el modelo.

VISIÓN HOLÍSTICA DE LA EDUCACIÓN

-¿Según los criterios de Latin Leap, para donde deberían apuntar el edtech?

-Tenemos que hacer un salto al futuro. El edtech no debería tener que pasar por el mismo proceso o por la misma velocidad de desarrollo que las otras verticales han pasado. Debería poder acelerar ese ciclo de cambio y empezar la educación del siglo 21, porque el modelo occidental de la hiperproducción e hipercompetitividad está mostrando que no es sostenible y está dejando a un lado la parte holística y la parte humanista. En eso nos debemos enfocar. Porque ahora la gran pandemia que estamos viviendo es la salud mental. Se nos olvidó enseñar lo más básico: cómo funcionamos nosotros y cómo manejarnos nosotros. El ser humano es un sistema donde uno puede programar ese sistema para el éxito. Las neurociencias, por ejemplo, han avanzado más en los últimos 10 años que lo que han avanzado en toda la historia de la humanidad. Y ahí empiezan a entrar un montón de cosas nuevas que se tienen que integrar en la educación.

Debemos dejar de pensar que la tecnología solo sirve para generar acceso. Eso soluciona un problema. Pero aún los que tienen acceso hoy tienen deficiencias gravísimas. Yo creo que las grandes soluciones en educación van a salir cuando empecemos a darnos cuenta que la formación de la mentalidad del niño es la base de la educación y que la tecnología sirve para generar nuevos sistemas de creencias.

¿Cuáles, entonces, son los criterios que tiene que cumplir una inversión para que Latin Leap invierta en educación?

-Tiene que ser rentable, tiene que tener impacto, y tiene que estar enfocada a lo que nosotros llamamos el MOS, el Mental Operating System. Nadie está invirtiendo en esa tierra de siembra. Nosotros queremos invertir en soluciones de «cognitive enhancement», en poblaciones más o menos entre los 7 y los 18 años, que estén habilitadas por la tecnología y que vayan más allá del contenido, con un acercamiento más holístico. Por eso decimos que Latin Leap está en algún punto entre edtech y wealthtech.

¿Han encontrado empresas que cumplan con estos criterios en América Latina o afuera?

Teníamos un pipeline súper grande y nada nos gustó y esta va a ser la respuesta más antipática del mundo. Después de ver un año compañías simplemente no encontramos ninguna que se amoldara a la tesis. Mucho tutoring, mucho idioma, mucho app de matemáticas en Asia. Mucho upskilling y mucho reskilling, pero definitivamente no encontramos nada que generara el impacto que esperábamos.

Esa es la gran frustración, estamos encontrando muchas edtechs maravillosas en temas de acceso, pero en temas de mentalidad las iniciativas son más aisladas y no podemos seguir viendo todo compartimentado. En los niños, por ejemplo es importante la relación del alimento con el desarrollo cerebral. Estamos explorando incluso invertir en nutrición.

¿Estas empresas tienen que tener un pie en América Latina?

-No, tienen que tener la voluntad de tener un pie en América Latina.

-¿Qué esperan de Latin Leap en los próximos años?

-Ser más que un simple VC. Para nosotros el VC es una herramienta para consolidar un ecosistema que ayude a florecer las mentes en Latinoamérica. Nosotros queremos ayudar a cambiar los paradigmas de escasez  y pobreza en América Latina. Contribuir al cambio de chip a partir de la creación de un ecosistema que permita entender al niño de manera holística y ayudarlo a hacer ese cambio. Eso toca a la educación, al bienestar, a la salud. Eso toca varios ámbitos en el niño y ahí es donde nosotros queremos estar y acompañar.

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Cofundador de Tekios, es ingeniero industrial y periodista. Tras una larga experiencia en México y en Colombia en los sectores financiero, manufacturero e inmobiliario, hace más de una década publica en diferentes medios de América Latina: Milenio, El Universal, Expansión, Chilango, Animal Político (México); CNN y Esquire (Latam); Clarín (Argentina); Semana, Cromos (Colombia). Fue corresponsal de AméricaEconomía en México. Su continua búsqueda de historias originales y trascendentes dentro del periodismo de economía y negocios, lo llevaron al encuentro con las tecnologías disruptivas y su gran poder transformador para la región.