Javier Peró, fundador de Kyklos: «En residuos, existe una oportunidad de negocio gigante para el país y la región, y no la estamos aprovechando»

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Tekios conversó con el líder de esta empresa B que consolida su modelo de negocios en Chile no solo en el reciclaje, sino sobre todo en potenciar cambios de cultura ambiental en comunidades educativas, así como en el apoyo a la generación de innovadoras políticas públicas. Hoy, con un crecimiento afianzado, Kyklos mira fuera de las fronteras del país sudamericano.

Por Cristian Aránguiz.

El modelo de Kyklos deja el reciclaje como parte de un todo y no como el fin. Un todo que también incluye el diálogo con comunidades, la gestión de los residuos, las certificaciones de esta y un accionar directo en los territorios, lo que permite rentabilizar los residuos desde distintos usos, a lo largo de toda la cadena y operando una red de reciclaje que incluya a colegios, municipios y empresas.

-¿Dónde se ubica la génesis de Kyklos?

-Corría el año 2010 y en Chile comenzaron a aparecer lo denominados «puntos limpios», es decir, lugares de recolección de basura que se unían a una floreciente idea de que la basura no era el fin del proceso de los desechos. Esta iniciativa comenzó con la idea básica de mantener la basura dentro de un recipiente. Lo cual podía parecer simple, pero bajo ninguna forma lo era, ya que lo usual consistía en botar los desperdicios directamente al suelo, un comportamiento que se arraigó dentro de la cultura cotidiana.

Pero comenzaron a surgir propuestas para revertir dicha situación, que venían de países desarrollados donde ya no era solo dar correcta ubicación al desperdicio, sino también comenzar a identificar la basura, ver sus propiedades y con ello ir separando los residuos para identificar sus componentes.

-¿Cuál fue el cambio central en ese proceso?

-Se dio lo que hoy llamamos o conocemos como reciclaje, es decir, un proceso múltiple de tratamiento de residuos, de reutilización, y con ello vimos la oportunidad de negocio en dicho proceso. En conjunto con otros socios comenzamos el análisis de monetización de dicho reciclaje, en lo que existía en ese momento y se conocía como «puntos limpios». Pero nos dimos cuenta de que el valor por dicho proceso era muy bajo en el mercado, lo que hacía imposible poder montar un negocio en torno a eso.

-¿Cómo convirtieron ese obstáculo en una oportunidad de negocio?

-Vimos que en dicho problema había una oportunidad de negocio al encontrarnos con otro profesional que había creado una fundación llamada «Elige Educar»; así reconocimos una real oportunidad: a través de los colegios podíamos iniciar un proceso de «educación ambiental».

-¿Qué rol cumplen la red de colegios en el modelo de negocios de Kyklos?

-Los colegios son instituciones que están repartidas en todos Chile, y ahí vimos una oportunidad de convertir espacios dentro de dichas organizaciones en pequeños centros de acopios de reciclaje, lo que nos dio pie para la creación de puntos verdes. Ahí el concepto educativo se basa en el aprender sobre reciclaje y la relación que tiene el alumno con sus pares en ese proceso.

Ese es el momento en que nace como concepto Kyklos, que apunta a un cambio de cultura más que solo a la idea de que lo «verde» es bueno. En ese momento no existía claramente o al menos no era tan visible lo de la economía circular, pero, aun así, ya estábamos pensando en procesos circulares. Es por ello que Kyklos viene de la palabra ciclos, que es el origen etimológico de la palabra griega.

EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO SERVICIO

-Hablemos de primeros apoyos y barreras que aparecieron.

-Postulamos a unos concursos de Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) y nos fue muy mal. El cambio de fortuna se dio cuando la Universidad del Desarrollo abrió una línea de negocios para postular a lo que se conocía como un Green Startup, con el apoyo también de Corfo; eso se convirtió en detonante del inicio de la empresa. Junto con ello, convencimos a un par de fundaciones educacionales para que nos permitieran probar estos puntos verdes y la instalación de un programa ambiental en los colegios.

-El foco del modelo de negocios, ¿dónde se centró?

-Al principio nos centramos mucho en lo educacional, en los colegios, dejando un poco de lado temas como la logística, por ejemplo. Después nos dimos cuenta que teníamos que tener un musculo interno que nos permitiera el poder desarrollar un centro de acopio para reciclaje, así que comenzamos a adquirir vehículos para el mismo proceso; junto con ello, hubo rediseño del punto verde y empezamos a mezclar nuestro proceso operacional con la tecnología.

La evolución del tema medio ambiental se unió a una herramienta de medición de conocimientos que se conoce como Simce (Sistema de Medición de la Calidad de la Educación), donde ya no solo se median materias clásicas como lenguaje y matemáticas, sino también lo que se definió como los IPS (Indicadores de Desarrollo Personal y Social). Entonces, vimos que para esos indicadores los colegios tenían pocas herramientas para desarrollarlos de forma correcta.

-¿Cómo se une la implementación de ese programa educativo ambiental al modelo de negocio de la startup?

-Esos indicadores (IPS) se evalúan de forma igualitaria, es decir, todos valen lo mismo, por lo que ofrecerles a las escuelas las herramientas que necesitaban iba al centro de lo que ellos necesitaban. Desde esa carencia vimos que había un nicho en el trabajo con los IPS, pero desde el foco del medio ambiente. Entonces, ahí se fue creando un modelo de negocios, porque si te das cuenta la utilidad financiera no está en el reciclaje en sí mismo, sino en la venta de servicios de educación ambiental, que tiene adjunto el reciclaje. La suma de todos esos elementos constituye el modelo de negocios de Kyklos, y se configura como el valor agregado de nuestro producto-servicio.

-¿La llegada a los colegios fue la consolidación del modelo de negocios o fue solo el comienzo?

-Yo creo que ambos. El problema que vimos es que el reciclaje en sí mismo, sin cultura, es muy malo; así como los negocios basados en el tratamiento de los residuos, porque todos fracasaban. Vimos a muchas pymes que nacían y morían, con mucha rapidez. No debíamos cometer los mismos errores, había que enfocarse en factores más innovadores.

Así que nuestro modelo se basó en la educación, y no en el reciclaje. Esa diferenciación, con lo que había en el mercado, dio pie a que varios inversionistas ángeles se interesaran en nuestra propuesta, lo que nos permitió una rápida expansión en Chile.

-Pero la fórmula de solo estar en colegios tocó techo en algún momento. Han sumado más servicios.

-Nos dimos cuenta de ello en el camino. Si queríamos cambiar la realidad del reciclaje, no podíamos quedarnos solo en los colegios. Nos dimos cuenta que el problema o el proceso de reciclaje en Chile es un tema muy complejo, que no se soluciona con una tecnología o solo con elementos culturales o de infraestructura, sino que se necesita una mezcla de todo lo anterior para dar una buena solución. Por ejemplo, tienes que trabajar sobre las gobernanzas en conjunto con las políticas públicas existentes; también sobre las capacidades de infraestructura y sobre el desarrollo cultural en medio ambiente; trabajar la logística y, por cierto, coordinar tu labor con los municipios.

-¿Qué rol cumplen los municipios en el proceso que iniciaron?

-Son fundamentales, ya que son los responsables del retiro de los residuos de las casas o colegios, es por ello que nuestra visión se expandió y nos dimos cuenta que el tema no era solo local, de un colegio o municipio, sino del país entero, por lo tanto, ya teníamos que pensar de otra forma, en otro nivel y coordinarnos con otros actores públicos.

-¿Eso también redefinió a la empresa?

-Yo diría que sí. Justo en ese momento comenzaba a tener mucha importancia lo que se conocía como empresas B, es decir, organizaciones que generaban un triple impacto en su actuar, que no solo velan por la sostenibilidad económica, sino que también tienen un propósito central ambiental y social.

Lo anterior nos hizo quedar en un nuevo mundo, ya que nos ubicamos como empresa entre las ONG y las empresas que solo tienen foco económico; dio como resultado que nosotros quedamos perfectamente ubicados en este mundo intermedio de empresas con propósito. Ese nuevo escenario nos permitió un crecimiento sostenible desde el 2017, no solo en iniciativas, sino también en recurso humano e infraestructura, con importantes elementos de inclusión en nuestros colaboradores.

-¿Qué hitos para la empresa destacarías en este proceso?

-Hoy, el programa «Chile sin basura» es el programa digital más grande del país en lo que se refiere a reciclaje; por otro lado, nuestro proyecto de «Interescolar Ambiental» ya cuenta con más de 2.500 colegios que participan activamente.

Formamos también una red más nueva que tiene que ver con la idea de intervención territorial directa. Lo que hacemos es ir a localidades y convencer a las entidades privadas, públicas y a los ciudadanos de que la coordinación de todos los actores va a permitir resolver el problema de la basura en ese territorio.

 -¿Qué oportunidad nació después de sumar más factores a la propuesta de valor del negocio?

-En residuos, existe una oportunidad de negocio gigante para el país y la región, y no la estamos aprovechando. Hoy los municipios en Chile gastan US$500 millones, que es alrededor del 20% al 30% de su presupuesto solamente en ir a buscar la basura y botarla a un relleno sanitario, o lo que es peor, a un vertedero. Pero ese dinero que se gasta en ese proceso se podría destinar fácilmente ea la construcción o al impulso de una industria que aporte al PIB de Chile, donde tomemos dichos residuos y los transformemos, los volvamos a valorizar y demos inicio a nuevos productos; con ello, de paso, terminaríamos reduciendo toda esa enorme cantidad de basura que genera un pasivo ambiental en los territorios y que no agrega ningún valor.

PLANTANDO SEMILLAS

-Hoy están en un proceso de internacionalización gracias a Pro Chile y su programa Go Global. ¿Cómo ha sido esa relación y qué beneficios les ha traído?

-En general, nos definiría como una empresa de bajo perfil. Hemos sido bien cautos en no postular ni a muchos fondos o premios, sino a enfocar las energías en la posibilidad cierta de generar cambio y que los proyectos o casos de éxito de la empresa hablen por sí solos. O sea, la idea central es poder posicionar los proyectos que estamos realizando, más que la marca Kyklos.

Ahora, ya con un catálogo importante de proyectos e iniciativas andando, nos dimos cuenta que era tiempo de poder postular no solo a premios, sino que a generar mayores redes pensando fuera de suelo chileno, porque notamos que dicha instancia podía dar aún más vitrina a los diferentes programas que estamos desarrollando.

-¿Por qué buscaron el apoyo de Pro Chile?

-Es parte de lo mismo que te mencionaba anteriormente. Es la constante búsqueda que tenemos de generar más redes. En este caso vimos la oportunidad de trabajar con Pro Chile para ver cómo podemos salir con nuestras propuestas a otros países. Lo anterior se une al impulso de que Kyklos ha agregado valor en Chile y tomamos la decisión de poder expandir esto a otros países que están un poco más atrás en lo que se refiere a educación ambiental y proceso de tratamiento de residuos basura.

Este proceso nos ha hecho ver realidades en Latinoamérica que nos han demostrado efectivamente que en Chile estamos bien adelantados en programas de este tipo,; en la región hay varios casos que aún están en etapas iniciales.

-Esta internacionalización de Kyklos, ¿va por el lado de servicios, conocimiento o intervención territorial?

-Lo de Pro Chile consiste en que ellos nos están ayudando a conectarnos con algunas organizaciones de Perú, Colombia y México. Por otro lado, también nos han enlazado con diferentes fondos de inversión y empresas privadas que comienzan su proceso de inmersión en este tema.

-Pensando en cercanía y realidades parecidas en torno al reciclaje: ¿Perú es un mercado atractivo para ustedes?

-Lo de Perú está recién partiendo. Estamos en la etapa de poner una semilla y hemos tenido reuniones, pero es una etapa muy temprana para saber el desarrollo que tendrá o sacar conclusiones. Aún no hay nada concreto con ese mercado y hoy simplemente tenemos un nexo hecho a través de Pro Chile para identificar las oportunidades que podemos aprovechar en dicho país.

-¿Qué elementos de la propuesta de negocios de Kyklos tienen mayor oportunidad de exportación en la región?

-Ese es un punto muy bueno. Nosotros no nacimos con el pensamiento de la escalabilidad regional. A diferencia de otras compañías, como las de tecnología, por ejemplo, que nacen pensando en cómo rápidamente exportar sus servicios, a las que por cierto les va muy bien, nosotros como somos una empresa de impacto y propósito para un problema complejo como la basura, sabemos que esa problemática se manifiesta de forma distinta en los países. Esto no es llegar y hacer copy y paste.

Ahora, hay ciertos elementos de nuestra empresa que hoy sí están empezando a tener una lógica de escabilidad, por ejemplo, el programa de Interescolaridad Ambiental. Ese programa es una plataforma digital que moviliza, tanto a docentes como a estudiantes, por acciones ambientales. Si lo piensas, cualquier país quiere movilizar a su fuerza estudiantil por acciones relacionadas al cuidado del medio ambiente; pero claro, hay que ver cómo dichas acciones encajan dentro del sistema educativo de cada país y van integrándose a elementos propios del currículo de cada región.

ESCALABILIDAD REGIONAL

-Hoy, con un calentamiento global que se ha asumido como uno de los mayores desafíos para la Humanidad, pero en paralelo con débiles políticas públicas sobre el tema, ¿qué análisis realizan ustedes sobre este tema?

-En Chile, importamos una ley que se llama «Rep» (Ley de Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor), y más que una normativa, es un instrumento económico que se le pone a los productores de residuos. Les dice básicamente a las empresas que si están poniendo productos de envases de plástico en el mercado, por ejemplo, que se hagan cargo de dichos recipientes. Lo cual es buenísimo, ya que le metió presión al mercado e impulsó la creación de una industria en torno a la recuperación de residuos. Pero, por el otro lado, en leyes básicas, como la de residuos y la ley sanitaria, estamos aún muy atrasados. Es más, estamos en etapa de obsolescencia.

-¿Cómo así?

-La ley en Chile ni siquiera reconoce la diferencia entre lo que es basura y lo que es un envase ya utilizado. Esa falta de diferenciación atrae múltiples complicaciones para cualquier emprendimiento que pretende de manera formal recuperar residuos. Ese problema, aún sin solución, sigue estando en una zona gris, en una especie de limbo. Misma situación con los residuos orgánicos, el 50% de la basura que se produce hoy en el país; no se ha creado una ley de residuos orgánicos que facilite la separación de dichos componentes en las casas, que facilite su transporte o la facilitación de composteras comunitarias o plantas de compostaje, por lo que cuesta mucho generar negocio a partir de la recuperación.

-¿Han llegado a una etapa de consolidación con la empresa privada? Y si es así, ¿ahora se da por hecho la internacionalización de Kyklos?

-La empresa siempre ha tenido un espíritu constructivista y de colaboración, y eso está en nuestra esencia. Nosotros no somos una organización de denuncia, sino al revés, creemos que todos los sectores pueden aportar a las distintas soluciones. En ese sentido siempre hemos tenido muy buenas relaciones con el mundo privado y con el mundo público también. En el fondo, nosotros estamos diciendo ‘hay falencias que vienen desde lo privado, así como también de organizaciones públicas que no están a la altura’; pero nuestra propuesta es siempre el trabajo en conjunto; mejor lo solucionamos todos, en vez de echarnos la culpa.

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