Mi presidente es un marxista: ¿cómo impacta el factor Pedro Castillo al ecosistema fintech del Perú?

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El nuevo gobierno del Perú suma una cuota de incertidumbre al ecosistema de las fintechs. Una dificultad más en el contexto de la pandemia y una preocupación latente que retarda el gran salto de los servicios financieros tecnológicos locales. El Factor Castillo se suma así a la ausencia de una regulación para el sector, a la informalidad laboral en el país, a la falta de educación financiera y a la crisis de confianza de la población en las instituciones.

«No voy a decir ninguna mentira… la verdad hay mucha precaución en los inversionistas; si inyectar o no nuevo capital, mientras transcurren los primeros 100 días de este nuevo gobierno».

La afirmación corresponde a Darío Bregante, gerente de Regulación Financiera y FinTech de EY Law en Perú, un alto ejecutivo que sigue día a día los altibajos de la economía y del ecosistema de emprendimiento local, uno más de los que está preocupado por el Factor Castillo.

Es que para agregar una cuota de incertidumbre al ya incierto panorama que ha dejado la pandemia de Covid-19, la llegada del presidente Castillo a la Casa de Pizarro ha terminado de desestabilizar el panorama monetario y el de las startups en el país.

«Evidentemente que con esto a las fintech se les complican las fuentes de financiamiento externo e interno que, normalmente, era promovido por el gobierno (…) habrá que ver si es que van a conseguir o no presupuesto para continuar”, agrega Bregante.

De acuerdo con los entrevistados de este reportaje, el gobierno entrante no ha manifestado una posición respecto a la industria fintech. Tampoco hay un pronunciamiento del Congreso, así que es entendible que alguien como Carlos Eduardo Bernos, country manager del exchange de criptomonedas Buda.com, en Perú, comparta la preocupación de Bregante: «Las perspectivas económicas no son las más favorables (…) Este cambio de modelo económico ha generado mucha incertidumbre, ha subido mucho el tipo de cambio y bajó la calificación (del país)».

Aunque Bernos no lo ve todo negro. Para él es más acotado el efecto negativo del Factor Castillo: «Todo eso afecta más a las grandes inversiones que se dan en el país y, en lo personal, creo que el sector fintech va a seguir avanzando; no hay que tener miedo».

Pero a pesar de sus esperanzas, lo que ha visto Buda en su operación local es una fuerte caída del valor del bitcoin: el precio cayó en mayo desde los US$50-55 mil a los US$ 35.000. «Lo que ha pasado es que en un inicio hubo un predominio de la venta de criptomonedas porque el precio cayó, pero ha habido un proceso de acumulación de compras a lo largo de junio, julio y agosto, meses en los cuales nuestro volumen transado en Perú bajó por la incertidumbre electoral y política, pero lo que ha estado pasando en los últimos meses es que el peruano ha estado acumulando criptomonedas, lo cual muestra que hay una tendencia a vender en el largo plazo; están esperando que se valorice otra vez», matiza Bernos.

En un país donde existe la costumbre de operar tanto con soles, como en dólares americanos, el impacto también en el tipo de cambio ha sido fuerte desde que Pedro Castillo se convirtió en un candidato real y con opciones reales para llegar a la presidencia.

La incertidumbre la palpó Mateu Batle Sastre, gerente general de la casa de cambios digital Rextie: «Pudimos notar, ya desde antes de que entrase el presidente Castillo, mucha incertidumbre (…) pero cuando ya se veía que Castillo era seguramente el ganador, bastante gente decidió guardar, pasar la mayoría de sus fondos a dólares para evitar mayor depreciación. Incluso ha habido gente que hasta ya lo sacaba (el dinero) del país».

Hasta el cierre de este reportaje, esta incertidumbre mantiene el tipo de cambio muy alto y no se ha dado una corrección en el precio. Esto lo refrenda Javier Salinas, economista a cargo del centro de emprendimiento e innovación de la Universidad del Pacífico, quien explica que, desde la segunda vuelta electoral en Perú, ya han salido más de US$20.000 millones privados hacia otros países.

«Los fundamentos de la economía responden a US$1 de 3,7, no de 4,1 como está ahora y esto ciertamente responde a la incertidumbre. Las casas de cambio han tenido en estos últimos seis meses un gran movimiento, por más que el Banco Central haya salido a controlar esto vendiendo dólares o invirtiendo en movimientos», advierte el académico de la Universidad del Pacífico. «Hoy, dependiendo del nombramiento del Banco Central que va a ocurrir este mes (el Consejo de Ministros le ha reclamado al presidente la tardanza para este nombramiento), el dólar podría bajar si se ratifica el actual presidente y se pone un directorio profesional no político. El otro escenario, si no continúa Julio Velarde como presidente, y asume un directorio político, es que el dólar podría llegar tranquilamente a 5 soles».

INFORMALIDAD Y DESCONFIANZA

Pero sería muy injusto achacar al presidente legítimo del Perú todos los males que viven las fintechs en el país. Si bien aporta con una cucharada no menor de incertidumbre, sería mañoso pensar que ha sido él quien sacado de abajo de su sombrero un set de barreras que conspiran con el ansiado despegue del ecosistema de innovación local, encabezado por las fintechs.

Las enfermedades del país son estructurales. A pesar de eso, crece el número de emprendimientos y crece también la asociatividad, explican desde el gremio que agrupa a las fintechs locales. «Creo que el número de asociados va a triplicarse a finales de año, y la idea es llegar de 24 a 72», calcula en conversación con Tekios, Roberto Vargas, presidente de la Asociación Fintech Perú. Esto, recalca el directivo, a pesar de los distintos shocks externos y adversos que ha tenido el país.

«El (impacto) sanitario de la pandemia, la caída del PIB en más de 10% y ahora con el riesgo político… el Banco Central publicó que la desconfianza ha aumentado y es el peor momento en el sector privado en términos de incertidumbre, entonces, el gremio (fintech) lo que está tratando de hacer es que al menos su tamaño del mercado, los millones de dólares que mueven las fintechs, se mantenga por los próximos años con este equipo de gobierno», afirma Vargas.

Los problemas de la fintechs en Perú van muy de la mano con las dificultades del despegue económico que hace años se diagnosticaron en el país. Principalmente, la informalidad en la que vive más de un tercio de la población. «El cáncer de la economía peruana es la informalidad: hay más de 9 millones de peruanos que trabajan de esa forma y es lo que está limitando que haya mayor inclusión. Es algo que para solucionarlo se van a necesitar esfuerzos del sector privado como público», agrega Bernos, de Buda.com.

Otro aspecto que detectó la asociación es que la inclusión financiera no va de la mano ni con las cuentas bancarias abiertas ni con la cantidad de smartphones que existen en el país. «No significa que el nivel de penetración de las telecomunicaciones sea más alto que el número de población que tenemos. El número de créditos colocados en la banca no es un indicador de bancarización, sino de qué tan bien les está yendo con respecto al negocio del crédito, y en los conceptos modernos de inclusión financiera esto significa servir de una manera mejor a los ciudadanos que ya están dentro del sistema», recalca Vargas, de la Asociación Fintech Perú, aludiendo a las tasas de interés demasiado altas y al sobreendeudamiento, así como a la desconfianza de un sector de la población con las instituciones bancarias y afines.

Otro tema que para los entrevistados de este reportaje significa un freno es la falta de acceso a fondos, especialmente de venture capital. «A diferencia de muchos países de la región, en Perú hay muy poca accesibilidad. Las startups necesitan financiación para poder crecer, expandirse, ir a otros países, entonces, esa es una de las grandes dificultades que tenemos. Hay una gran cantidad de startups aquí que solo tienen acceso a fondos de inversionistas ángeles. También estaría bien que volvieran las ayudas por parte del gobierno, que volviera el programa StartupPerú», ejemplifica Mateu Batle Sastre, gerente general de la casa de cambios digital Rextie.

Darío Bregante, gerente de Regulación Financiera y FinTech de EY Law en Perú.

¿REGULAR O NO REGULAR?

Por lo general los gobiernos de la región latinoamericana han tomados dos caminos respecto de las fintechs y la regulación aplicable. El primero, regular al sector como un todo, con una normativa especial, tal como hizo México; el otro, ir abordando cada vertical fintech en sintonía con las mejoras legales que van surgiendo para el sector bancario.

«Hace dos gobiernos atrás (Perú) tomó la decisión estratégica como país de no desarrollar una ley fintech, distinto al modelo seguido por México», cuenta Darío Bregante, gerente de Regulación Financiera y FinTech de EY Law en Perú.

¿Por qué? Una comisión conjunta entre el regulador bancario local (SBS), el regulador del Mercado de Valores (SMV) y el Banco Central de Reserva (BCR), junto al Ministerio de Economía y Finanzas, decidió que para el caso peruano era mejor analizar cada línea de negocio y a partir de la relevancia de la información que se tuviera se fueran tomando decisiones de regular.

«El más claro ejemplo de esta estrategia es la ley de financiamiento participativo financiero, aprobada en 2020 y más conocida como la ley de crowdfunding», detalla Bernos, quien considera que el resto de los verticales que pueden ser importantes de regular, como las casas de cambio, las fintechs de préstamos y de remesas, funcionan bien sin regulación. Sin embargo, para algunas líneas de negocios no estar en la ley ha tenido sus consecuencias, observa también el gerente de Buda.com.

Se hablaba de un proyecto de sandbox amplio que iba a sacar la SBS, sin embargo, lo anunciado por el organismo obliga a las fintechs que quieran participar a tener antes una licencia visada por la SBS. Las pruebas piloto de «modelos novedosos» solo incluirán a instituciones reguladas como los bancos u otras instituciones financieras. «Hubiera sido muy bueno (incluirlas) porque en Colombia sí se dio un sandbox donde juntaron a bancos con plataformas de intercambio de criptomonedas para el desarrollo de nuevos productos basados en cripto», lamenta Bernos.

Mateu Batle Sastre, gerente general de la casa de cambios digital Rextie.

EL VASO MEDIO LLENO

Aunque parezca difícil de creer, en una de las principales ponencias del Lima Fintech Forum del 2020, Javier Salinas, economista de la Universidad del Pacífico, dio cuenta de que un sorprendente 89,3% de peruanos no sabía lo que es una fintech. En efecto, al mostrar la encuesta realizada por Equifax ese año a la audiencia, el académico contó cómo la empresa tuvo que explicar a sus entrevistados qué servicio prestaban este tipo de startups. Solo después de eso la firma de información financiera pudo estimar que 43,9% de los encuestados estaba interesado en utilizar algún servicio fintech y que otro 10,2% estaba muy interesado.

A pesar de ese desconocimiento de la población, la consultora EY detectó que en los últimos años las fintechs crecen de manera sostenida, a un promedio anual de 21% en Perú. Y aunque durante 2020, debido a la pandemia, el crecimiento del número de fintechs se contrajo, hubo un alto crecimiento en los montos y en el número de sus transacciones.

«La verdad es que, desde los últimos cinco años, el ecosistema ha crecido, pasando de 24 firmas a ser unas 180. Aunque todavía es un número más pequeño que el de otros países de América Latina, ha habido un proceso de consolidación porque, si bien no ha crecido exponencialmente en número de fintechs, sí ha crecido en términos de volumen de dinero transado. Es una señal de que el sector en Perú no ha explotado, pero sí madurado», opina Salinas.

Roberto Vargas, presidente de la Asociación Fintech Perú

De acuerdo con la Guía Fintech de Perú 2020/2021, editada por EY, este crecimiento posiciona al Perú como un «país promesa» en el que los inversionistas nacionales y extranjeros pueden apostar, debido a su potencial de crecimiento y desarrollo. Pero este potencial no se desarrollará por sí solo; debe ir de la mano de políticas públicas adecuadas que permitan mejorar las condiciones de mercado y que promuevan el ecosistema, detecta el informe.

«Para ello, se necesitará de un trabajo conjunto entre los actores del mercado fintech y las autoridades a cargo. Un punto importante en el país es la inclusión financiera, pues a diciembre del 2019 casi el 60% de la población peruana se encuentra desatendida por los actores tradicionales de la industria financiera», detalla un reporte de Indicadores de Inclusión Financiera de los Sistemas Financiero, de Seguros y de Pensiones.

Para ir superando la desconfianza y desconocimiento del sector fintech, la asociación ya tiene un plan para expandirse y evangelizar sobre sus bondades en distintas regiones del país. «Hemos empezado al norte de Perú, en Cajamarca, para así, con el gobierno regional, hacer una intervención; hemos empezado en la industria agraria (con miras a) incluir financieramente a productores pequeños agrarios que muchas veces están en un mundo informal», detalla Roberto Vargas, presidente de la Asociación Fintech Perú. «(Darles) una identidad digital que les permita luego, en un segundo momento, conocer el nivel de activos que tienen y su capacidad productiva agrícola; conectarlos con fuentes de financiamiento, asistencia técnica, mercados de información para que prosperen más rápido».

También la entidad gremial buscará generar ecosistemas regionales fintech, junto a la universidad peruana Unión, para desarrollar un primer curso abierto, gratuito, para personas que quieran ser fundadores de una fintech.

UNA POBLACIÓN JOVEN QUE DEBE SER INCLUIDA

A pesar de todas las barreras mencionadas en este reportaje, Darío Bregante es optimista respecto del futuro de la industria fintech del Perú. Esto, porque el ejecutivo de EY Legal está acostumbrado a explicar y mostrar el país a los inversionistas, un rol en el que debe detectar los vacíos y presentarlos como oportunidades. «(En Perú) sólo está bancarizado un tercio de la población, por ende, ya tienen (los inversionistas) un importante parte de la torta si quieren entrar a desarrollar operaciones», indica.

El segundo anzuelo que releva Bregante es que existen tantos smartphones como personas mayores de 18 años, y que al cumplir esa edad a muchos se les abre automáticamente una cuenta DNI en el Banco de la Nación. Una medida que le permitirá a un sector creciente de la población acceder a una bancarización básica.

Sin embargo, un problema que se mantiene en el país es el de la accesibilidad. «En la capital, poco más de la mitad de la población tiene acceso a internet de buena calidad, pero en zonas rurales la verdad la conectividad es casi nula, lo que evidentemente aleja un poco a las personas a dar ese paso (de usar sus smartphones para operaciones bancarias)», explica.

Ni hablar del nivel de educación financiera en Perú. «Algunos lo ven como una oportunidad y otros como una problemática (…) creo que hoy el principal reto que tienen las fintechs en Perú es tratar de comenzar a enseñarles a las personas que puede haber otra manera de realizar sus operaciones», propone el experto de EY Law.

Javier Salinas, desde la Universidad del Pacífico, se entusiasma un poco. «Hay una población joven que tiene que ser incluida y educada financieramente. Nosotros siempre decimos inclusión financiera digital y educación financiera digital. Hoy, gracias al uso de dispositivos para una cuenta corriente, tarjeta de crédito o un planificador personal, una persona puede aprender mucho más respecto a sus propias finanzas que en el pasado. Entonces, tenemos una gran oportunidad hoy, y creo que las fintech vienen haciendo un trabajo mucho más arduo, constante, continuo y de calidad que los bancos en eso», afirma.

Para Roberto Vargas, son los emprendedores fintech los que darán soluciones y respuestas a las complejidades del entorno. «Son precisamente las personas que son testigos de este momento las que van a idear las futuras soluciones; hay que alentarlos y darle los incentivos necesarios para que sean exitosas», considera.

Para Darío Bregante, en definitiva, el país ingresa a una época de transición. «Quizás más lenta, por todos los temas políticos que tenemos hoy, pero creo que es cuando hay que apostar más para no solo ver el vaso medio vacío, sino medio lleno», dice, como si no tuviera tanta importancia quién es el nuevo inquilino de la Casa de Pizarro.

*Fotografías: Unsplash y página oficial de Pedro Castillo en Facebook.

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