El poder de la palabra: cómo reducir la brecha de género en la inversión en startups

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Por Katharine D’Amico, colaboradora académica del Executive MBA de Esade y mentora en Esade Business Angels Network.

Imaginemos las siguientes situaciones: un CEO quiere reducir el tamaño de su comité de dirección y, en consecuencia, dejan de invitar a la única directiva del comité, porque él prefiere que asistan únicamente los «miembros más comprometidos». La directora de un departamento que gestiona US$50 millones no es tenida en cuenta en una promoción a un cargo de alta dirección por no haber participado plenamente en los debates estratégicos, aquellos en los que «tienes que gritar para hacer oír tu voz». Una directiva de marketing se sorprende cuando un colega viene a verla tras una reunión y le dice: «Deja de actuar como una facilitadora y empieza a marcar tu posición».

Las mujeres descritas anteriormente tienen cosas en común: todas ellas tienen éxito, son ambiciosas, son admiradas por colegas y superiores y, sin embargo, no han sabido mostrarse asertivas en las reuniones de alto nivel. ¿Cómo puede ser que muchas mujeres con gran talento tengamos falta de confianza en nosotras mismas?

Los juicios emitidos sobre la confianza se deducen a partir de la forma en que nos presentamos a nosotras mismas, y gran parte se muestra en nuestra manera de comunicarnos. La comunicación no es algo tan simple como expresar lo que queremos decir, incluye percepciones y mensajes no verbales. Existen innumerables historias de mujeres que no fueron tomadas en serio por inversores y, en consecuencia, sus proyectos no fueron evaluados como buenas oportunidades de inversión, no por lo que dijeron, sino por cómo lo dijeron. Comunicar no es solo decir lo que quieres decir, va mucho más allá.

Según estudios recientes, el 75% de las conversaciones durante una reunión de negocios son hechas por hombres. Los resultados preliminares de la investigación de Partners in Leadership lo confirman. Las mujeres todavía luchamos por encontrar nuestra voz en una sala de reuniones. Esto no ocurre porque los hombres tengan más cosas que decir, sino porque la confianza en nuestra contribución juega un papel importante. Las mujeres admitimos tener miedo al hablar durante las reuniones de trabajo, pensamos que:

  1. No tenemos buenas ideas,
  2. No queremos parecer demasiado agresivas, o
  3. Tenemos miedo a estar equivocadas.

Cuando una mujer habla con inversores y directivos, habitualmente caminamos sobre la cuerda floja y solemos afirmar nuestros puntos de vista sin parecer demasiado agresivas. Como resultado, muchas de nosotras optamos por permanecer en silencio en lugar de arriesgarnos a decir algo fuera de lugar. Entonces, ¿cómo podemos reafirmarnos en el ámbito profesional? ¿Cómo podemos superar el miedo y proyectar confianza en el lugar de trabajo?

Las mujeres carecemos de un modelo de referencia claro en un mundo en que los hombres todavía ocupan una posición dominante, concretamente el 62% de las posiciones ejecutivas, frente al 38% de las mujeres. El hecho de que haya pocas mujeres que sean un modelo a seguir afecta cómo nos sentimos las demás y explica que nos asalten las dudas: ¿realmente merecemos estar aquí? ¿Estoy aquí porque soy mujer o por el conjunto de mis competencias?

Así pues, ¿cómo podemos las mujeres reivindicarnos, superar nuestros temores y proyectar confianza como fundadoras o directivas? La forma en que expresamos lo que queremos decir es esencial y difiere de una mujer a otra. El lenguaje es una habilidad social aprendida: nuestra forma de hablar y de escuchar están muy influidas por la experiencia cultural y por el «estilo lingüístico».

¿QUÉ ES EL ESTILO LINGÜISTICO?

Todo lo que se dice debe decirse de cierta manera, con un tono de voz, a una velocidad y a un determinado volumen. Mientras que a menudo pensamos conscientemente qué decir antes de hablar, rara vez pensamos en cómo decirlo.

Aunque solemos reflexionar sobre lo que vamos a decir antes de hablar, raramente pensamos en cómo vamos a decirlo, salvo que se trate de una situación muy marcada -como, por ejemplo, un pitch de VC o en la reunión de un consejo de administración.

El estilo lingüístico es el patrón de habla característico de una persona. Incluye características como la claridad, la estructura, el ritmo, la pausa, la confianza, la elección de las palabras, la franqueza, la seguridad y el uso de elementos como las indirectas, bromas, ejemplos, historias, preguntas y disculpas. En otras palabras, el estilo lingüístico es un conjunto de señales aprendidas culturalmente, por las cuales no solo comunicamos lo que queremos decir, sino que también interpretamos la personalidad de los demás y las evaluamos como personas.

Entonces, ¿cómo podemos reafirmarnos las mujeres profesionales, superando miedos y proyectando confianza? Decir lo que se quiere decir es crucial y difiere de una persona a otra, porque el lenguaje es un comportamiento social aprendido. La forma en que hablamos y escuchamos está profundamente influido por la experiencia cultural y, en consecuencia, por nuestro estilo lingüístico.

Numerosos estudios señalan que, a las mujeres, nos tratan de forma diferente a los hombres en el lugar de trabajo para la misma calidad y para el mismo nivel de ocupación. La brecha salarial de género está bien documentada: las mujeres percibimos el 80% del salario para una misma posición, pero se habla menos de la brecha de género en la inversión. Según una investigación llevada a cabo por Boston Consulting Group, las mujeres fundadoras que ofrecen sus ideas a los inversores, para financiar las primeras fases de desarrollo de sus proyectos, obtienen significativamente menos capital que los hombres. PitchBook Data señala que, desde 2016, las empresas fundadas por mujeres han logrado únicamente el 4,4% de los contratos de capital de riesgo, y solo el 2% de todo el capital invertido en startups.

Y, sin embargo, los negocios fundados por mujeres acaban proporcionando mayores ingresos que los fundados por hombres, incluso más del doble por cada dólar invertido, de modo que las empresas lideradas por mujeres acaban siendo mejores inversiones para sus socios financieros. Estas conclusiones, aunque decepcionantes, no son sorprendentes.

¿UNA CUESTIÓN DE PERCEPCIÓN?

El informe “The Different Words We Use to Describe Male and Female Leaders” analizó una base de datos de evaluaciones corporativas con el fin de estudiar las mediciones objetivas y subjetivas sobre el liderazgo en la empresa. Un estudio a gran escala con más de 4.000 participantes y 81.000 evaluaciones anónimas.

En concreto, los investigadores analizaron una lista de 89 atributos positivos y negativos atribuidos al liderazgo, con el objeto de evaluar el desempeño de los participantes. Examinaron el lenguaje utilizado para describir a las personas en estas evaluaciones y concluyeron que, si bien no se observaban diferencias evidentes de género en las mediciones objetivas, sí se utilizaba un lenguaje distinto a la hora de describir a hombres y mujeres.

Por ejemplo, el atributo positivo que se utilizaba más frecuentemente en el caso de los hombres era analíticos, junto con palabras como competentes, atléticos y fiables; para las mujeres los atributos más usados eran compasivas, entusiastas, energéticas y organizadas. El atributo negativo más utilizado para describir a un hombre era arrogante, seguido de irresponsable; para las mujeres era ineptas, junto con otras palabras como frívolas, cotillas, excitables, dispersas, temperamentales, temerosas e indecisas.

El informe advertía que estos atributos que utilizamos para describir a los hombres y a las mujeres líderes son algo más que meras palabras y tienen consecuencias en la vida real.

CREE EN TI

En el fondo, es una gran cuestión de confianza en nosotras mismas. Existe un vínculo indisoluble entre el liderazgo, la confianza y la comunicación. El liderazgo no puede producirse sin una comunicación adecuada. Las líderes tenemos muchas ocasiones para hacer uso de esta competencia: para transmitir urgencia, energía e inspiración; para clarificar la misión, la dirección y el propósito; para defender la continuidad cultural o el cambio; para inculcar el espíritu competitivo e innovador; para mostrar autenticidad, confianza, integridad y humildad; para promover alianzas colaborativas. La comunicación logra todo esto y mucho más, y conforma al líder.

Unos valores ampliamente compartidos entre los líderes empresariales son los de la confianza y la credibilidad, evaluados a través del comportamiento individual, especialmente a través de la conducta verbal. La competencia comunicativa tiene una importancia creciente en la estrategia corporativa global, y se ha convertido por derecho propio en una función esencial de la gestión en los negocios. Encuesta tras encuesta, los datos indican que la comunicación es esencial para el compromiso de los clientes, la reputación y la reafirmación de la empresa. Generar confianza como mujer líder, entonces, es un reto ineludible y que requiere un tratamiento específico.

MÁS MUJERES DEDICADAS AL CAPITAL DE RIESGO, MÁS FINANCIACIÓN PARA FUNDADORAS

Las startups deben contribuir a reducir la brecha de género en el mundo de los negocios. El hecho de que haya más mujeres en posiciones de liderazgo es la mejor noticia para las empresas. Un estudio realizado por Harvard Business Review concluye que los inversores con demasiada frecuencia toman sus decisiones de inversión basándose en el género y plantean cuestiones distintas a las mujeres fundadoras que a sus homólogos masculinos.

Ello apunta a que los fondos centrados en las mujeres, o los fondos liderados por mujeres, son la forma de reducir la brecha de género en las startups y en los negocios.

Así pues, ¿cuáles son los siguientes pasos que debemos seguir para desarrollar nuestras competencias como mujeres líderes?

Las mujeres fundadoras que busquen obtener inversiones de capital riesgo deben seguir una serie de pasos para incrementar sus oportunidades, en un entono aparentemente hostil:

*Utilizar los principios de la persuasión y la neuro-lingüística.

*Exponer su caso de forma memorable, utilizando técnicas de persuasión.

*Emprender con estilo, conectando las grandes ideas con las emociones.

*Construir credibilidad, demostrando confianza en tiempos de cambio.

*Fomentar los valores, estableciendo un lenguaje común integrador.

*Convencer con integridad, buscando equilibrio entre lo emocional y lo racional.

*Enfrentarse a los obstáculos, invitando y anticipando las resistencias.

*Hacer llamadas a la acción efectivas, ofreciendo impactos medibles.

LIDERAR, NO SEGUIR

El mayor error a superar es la creencia de que solo existe una manera correcta de escuchar, hablar, conversar o mantener una relación. A medida que los centros de trabajo presenten más diversidad cultural, y que los negocios pasen a ser más globales, todos necesitaremos mejorar al interpretar las interacciones, y ser más flexibles para ajustar nuestros propios estilos en función de nuestros interlocutores, de modo de que todo el mundo logre hacer oír su voz.

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